Artículos, Teología Pastoral

UNIDOS EN ÉL PARA SER UNO ENTRE NOSOTROS (Parte I)

Juan 17

La oración más larga registrada de Jesús, es también tal vez la oración más hermosa en la Biblia. En ella Jesús nos enseña muchas lecciones acerca de la vida, del amor, de la Iglesia, de la relación con El Padre y nuestra relación mutua, que es expresada en la antesala del momento más difícil y cruel de su vida.

Jesús, se encuentra en la antesala de un momento humanamente desgarrador. Está a punto de ser traicionado por uno de sus discípulos, uno de sus seguidores más fieles, va a negarlo 3 veces, el Padre, en cierto modo, va a abandonarlo, y el pecado del mundo está a punto de ser cargado en sus hombros para ser castigado. ¿Quién puede soportar eso de manera solitaria? Jesús, recurre a la oración, tanto aquí, como en el Getsemaní, donde gotas de sangre corren por su frente.

En ésta oración, Jesús ora por sí mismo, por sus discípulos, y por todo el mundo. Él se presenta ante El Padre, para agradecerle, para pedir ser glorificado, pide por sus ovejas de modo que sean unidas y fortalecidas, y por los que no le conocen, para que vengan a Su Reino. Veremos cada una de éstas partes de la oración.

Unido con el Padre

Jesús, pide al Padre, el poder volver a la gloria, gloria que compartió con Él, antes de la fundación del mundo. La obra, en sí, está a punto de ser terminada, y el juicio va a comenzar. Nosotros no podemos pedir la Gloria de Dios de este modo. Sin embargo, ¿seremos capaces de pronunciar estas palabras con seguridad, humildad y valentía?

Yo te he glorificado en la tierra, y he llevado a cabo la obra que me encomendaste.

(Juan 17:4) NVI

Jesús estaba completamente seguro de haber terminado y llevado a cabo la tarea que Dios le encomendó. ¿Qué hacemos nosotros con la tarea de Dios nos ha legado? ¿Estamos siendo participantes de la misión de Dios en este mundo?

En ésta oración, Jesús, muestra su unidad eterna con El Padre. Desde antes que el mundo existiera, hasta ese momento, y para siempre, Jesús está unido Y es uno con El Padre.

Ésta es una enseñanza central y crucial. En Juan, uno de los mensajes principales del Evangelio, y que menciona ser una de las causas de que Jesús fuera enjuiciado, es la proclamación de la Unidad de Jesús con El Padre. Que Jesús estaba unido al Padre como Siervo, como Hijo, como Profeta, como Sacerdote. Jesús no era otro enviado más de Dios, sino era un enviado de tal magnitud, que está unido a Dios, de modo que habla solamente lo que oyó de Dios (Juan 5).

Los judíos de la época, incluso muestran su animadversión hacia Jesús por motivo de sus declaraciones de unidad con Dios, hasta el punto de entender que la implicación de dicha unidad, era el que Jesús mismo estuviera refiriéndose a sí mismo como Dios.

Tales afirmaciones llevaron a Jesús a un punto de rechazo de modo que querían asesinarle por decir tal blasfemia.

El Maestro ora por sus discípulos

“Porque Yo les he dado las palabras que Me diste; y las recibieron, y entendieron que en verdad salí de Ti, y creyeron que Tú Me enviaste.” Juan 17:8)

Las obras de Jesús y pertenencia al Padre de los discípulos, confirman a ellos que Jesús está unido con El Padre. Tal vez para nosotros eso tiene un significado ambiguo, o no muy claro. Pero a los ojos del mundo antiguo, el ser enviado de Dios, de la forma en que eran enviados los profetas, implicaba una autoridad suprema. Jesús fue el apóstol sumo de Dios, quien, asimismo es Dios. La confirmación de dicho apostolado para los oyentes, era a través de las obras y milagros obrados por Jesús.

¿Somos conscientes que Jesús es EL ENVIADO del Padre?

¿Somos conscientes que Las Palabras de Cristo son las Palabras del mismo Padre?

Lo que hagamos con las Palabras de Cristo, lo estamos haciendo con las Palabras de Dios. Y en ésta oración, Jesús desea enseñar la lección de La unidad, la devoción y el amor, aún en el momento más difícil de la vida.

” Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que Me has dado; porque son Tuyos” (v 9)

Cuando Jesús dice “no rogar por el mundo”, no refiere que no lo ama. Sino que Jesús quiere que sus discípulos sean quienes tengan plena seguridad de la Unidad del Padre con Jesús de modo que ésta unidad les afecte de una manera especial, la cual será mostrada más adelante.

El mundo necesita conocer a Cristo, y que Cristo viene de Dios, sin embargo, no puede suceder esto solamente “per se”. Debe haber un vehículo para esto. El versículo 9 se encuentra en medio de otros dos que hablan acerca de la seguridad de que las cosas son de Cristo y que Cristo proviene de Dios Padre. Así que ése es el énfasis que le da sentido a esta declaración de Jesús.

“Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.”(vs. 11)

Este es el propósito y el vehículo por medio del cual, el Mundo llegará al Conocimiento de Cristo. Ser uno.

Creemos que la Unidad es simplemente un acuerdo parcial, en simplemente compartir objetivos, en estar de acuerdo en un par de cosas y estar completamente ajenos a nuestros corazones, e incluso poder estar enemistados, pero “ser compañeros de milicia”. ¿Es esto correcto? Jesús responde a la pregunta: ¿Qué tan unidos o en desacuerdo podemos estar?

Tan unidos como “nosotros”

Jesús quiere que sus discípulos (entre ellos) sean tan unidos, así como El Padre y Jesús lo están.

¿Qué tan en desacuerdo está Jesús y el Padre?
¿Qué comunión hay entre ellos dos?
¿Cuánto amor hay entre ellos?

Jesús nos dice que el único que falló en esto, es una persona, que en sí se perdió porque así estaba escrito. Por tanto, no hay excusas para no estar en unidad y no ser capaces de amarnos y ser uno como lo Jesús lo manda.

“Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.” (vs. 13)

Podemos argumentar el estar en un estado aún pecaminoso o en una naturaleza que aún falla. Sin embargo, Jesús desea que veamos Su ejemplo, el cual muestra que, aun estando en la Tierra, Él, en plenitud, estaba unido con El Padre. Y Él ora porque así suceda con nosotros, y de esta manera, muestra que es posible. Así como Jesús, estando en este mundo, estaba en plena unión con El Padre, nosotros podemos estar en una unión entre nosotros.

“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” Juan 17:15-19

Jesús es glorificado en nosotros. ¿En verdad lo es? Jesús hace una comparación y una relación de similitud entre Él y nosotros, de modo que podamos ver que todo aquello que se cumplió en Él, debe cumplirse en nosotros. Jesús hace una identificación entre su obra, su recorrido y el resultado. Lo que es una realidad en Jesús, lo debe ser en sus discípulos, y la culminación de esta obra, es la glorificación de los suyos y de Jesús mismo. Caminamos la misma senda, nos dirigimos al mismo calvario, y al final, nos espera la gloria junto con Él.

Hasta esta parte de la oración hemos visto las implicaciones de la oración del Señor. Y a la vez, cómo eso debe repercutir en nosotros, y en nuestra manera de andar, de vivir, de relacionarnos tanto con Dios como con los demás creyentes en la fe. En la siguiente parte del Artículo veremos la conclusión de la Oración y cómo continúa Jesús enseñándonos a través de dicha oración.

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