Artículos, Después del Sermón, Teología Pastoral

Una batalla de doble frente

Desde hace casi siete años que comparto mi profesión (ingeniero civil) con el ser pastor de una pequeña congregación. Desde hace siete años que estoy deseando “hacer más” en este mundo, comenzando en mi propia familia y congregación. A veces me frustro, luego me levanto y luego todo se repite.


He estado meditando acerca de los sermones que las personas escuchan y el fruto que se obtiene de ellos. No siempre son tan buenos como quisiera -los míos- pero siempre hay algo que tomar de parte de Dios… y la verdad es que, a la conclusión a la que llego es que, el sermón del domingo es importante -diría inamovible- pero no suficiente.


He intentado de muchas formas y maneras para que la gente retenga más del 5% que, en teoría retiene cuando escucha una predica. La siguiente información cambió mi manera de concebir mi forma de predicar (pirámide de Edgar Dale). 

Por lo anterior he intentado hacerlos participar, que pregunten, llevar gráficos impresos, que ellos mismos participen en temas y exposiciones, que lleguen a sus propias conclusiones cuando así se puede, para que puedan llevarse algo a la “vida real”, y que después del sermón se derive en compromisos específicos, medibles y con una fecha asignada y periódica. Apuesto a la constancia más que al romanticismo apasionado.


No es algo personal con mi congregación, esto he visto en toda mi vida de cristiano. Creo que nuestro sistema tradicional de enseñanza estilo conferencia -uno habla y todos escuchan- debe mutar en este siglo XXI. Ya pasó aquel tiempo en el que un sermón era suficiente… hoy enfrentamos un enemigo más “armado”.


Los afanes y las distracciones nos dejan ya sin fuerzas como para desmenuzar el sermón al llegar a casa; y mucho menos para llevarlo a obra. Nos deja sin tiempo de calidad para meditar y se ha perdido la buena costumbre de dejar que la Escritura nos confronte y dirija día a día. Hay una batalla que no estamos enfrentando correctamente.


Siempre pienso en el pueblo de Josué, aquel conquistador que nos sigue inspirando para que nuestros grupos de iglesias se llamen “Ministerio Josué”,o “conquistadores”. Pienso en que Dios le llamó a algo grande, a una batalla que pelear con sus manos para luego tomar la tierra antes prometida. No sólo le ordenó que meditara en la Ley día y noche sino que también tomara su espada y fortaleciera su cuerpo para vencer a enemigos de guerra.


Hoy creemos que con el sermón es suficiente y hemos descuidado la “batalla física” que hoy, no es tan física sino más bien profesional -ideas, políticas, cultura, etc. Nos hemos enfrascado en batallas civiles en el ámbito doctrinal que, hemos dejado desierto el campo de batalla para que nuestros enemigos tomen todo lo que bien les parezca.


Afirmo que hoy, a la par de las disciplinas espirituales deberíamos prepararnos en “otras categorías”, tal como Josué en la guerra. ¿Cuál es la batalla de hoy? ¿Quiénes son los madianitas o los filisteos? ¿Cuáles son las armas que debemos forjar? ¿Cual área debemos fortalecer?
Me queda claro que, separar nuestras vidas en “lo espiritual” y “lo secular” ha sido un error que, hoy nos está costando bastante. Pero lo más trágico, al menos para mí es que, ni siquiera en lo primero estamos avanzando. De hecho por descuidar aquello de “meditar en la ley de día y de noche” es que nuestros enemigos han tomado ventaja.


En esto es en lo que, desde hace siete años siento una carga pesada que, incluso, no me deja en paz ni libre. Y le pido a Dios que envíe profetas, que envíe personas con altas convicciones… pienso en un José en Egipto o en un Daniel en Babilonia que, con condiciones desfavorables y viviendo siendo gobernados por otros, llegaron arriba y colaboraron con el Dios de los siglos, en sus propósitos trascendentes.

No solo pastores y maestros, o evangelistas y apologetas, sino también profesionales en toda área, especialmente en política y sociedad. Es una batalla de doble frente; los pastores preparan a los profesionistas con altas convicciones y amplias cosmovisiones; los profesionistas llevan los sermones a sus áreas y así Cristo es mostrado en todo lugar y en todo tiempo.

***

Por eso hoy sigo pensando que, por “algo” estudié mi carrera y por algo sigo en mi trabajo. Porque es un tiempo de unir los “espectros” que, un día decidimos separar: pastor (iglesia) y laico (secular). No al dualismo. No al escapismo. El Señor es señor de todo, del cielo y de la tierra. Dios nos ayude.

Evangélico desde muy pequeño, hijo de pastor e Ingeniero Civil de profesión. Esposo y padre. Es además Pastor en Casa de Oración Rancho Nuevo (Guadalajara, Mx) desde el 2012.

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