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¡Necesitamos profetas hoy!

Este título es controversial y lo sé. Sobre todo, en este tiempo donde hay un auge de hombres y mujeres que se han apropiado de este título, haciendo que unos eleven a los así llamados a un “nivel espiritual” mayor. Pero también provocando el rechazo de otro gran sector.
Creo que estamos de acuerdo en la máxima de que los excesos son malos, y justamente son los excesos los que provocan dichas reacciones al escuchar este término que se ha vuelto muy controversial: ¿Existen profetas hoy?

Los orígenes, ¿Qué es un profeta?

Regularmente cuando las personas piensan en un profeta piensan en alguien que predice el futuro; nada más lejos de la verdad. Hay algunas razones que han influido para que se piense en esto.

Es sabido que las culturas antiguas incluyeron el ministerio profético en sus vidas. Quizá la mención cultural más famosa es el oráculo de Delfos; famoso por sus profetizas y por las veces que los griegos hicieron uso del mismo para sus epopeyas, que más tarde llegaron a forman parte de nuestras lecturas y hasta en el cine lo ha adoptado. Esta noción ha llegado a clavarse en nuestras mentes como el ejemplo por excelencia de lo que es profecía.

Hay un error del que quisiera hacer mención de una manera muy cuidadosa, que también ha contribuido a ver al profeta como un predictor del futuro y es, leer los textos proféticos con el lente que ve como tema único el anuncio mesiánico; olvidando la belleza literaria y el presente inmediato de los profetas.

Si hacemos un cálculo en porcentajes nos daremos cuenta que el tema menos tratado en los profetas es el anuncio mesiánico o predicciones del futuro. Con esto no quiero decir que no sea importante, sino que el profeta tenía una preocupación especial por el presente de su pueblo. Dice Gordon Fee en su libro Lectura Eficaz 1:

Menos del 2% de las profecías del Antiguo Testamento son mesiánicas;
menos del 5% describen específicamente la edad del Nuevo Pacto, y
menos del 1% se refieren a sucesos que todavía están por ocurrir.

El profeta es un hombre del pueblo, que vive las circunstancias del pueblo, conoce al pueblo, el profeta es un buen lector de los tiempos, y en medio de esta lectura de los tiempos y circunstancias, anuncia al pueblo lo que Dios ha hecho en el pasado, explica las razones de la situación actual y recuerda al pueblo la fidelidad de Dios.

¿Cuál es la función de un profeta?

Podríamos resumir en 5 funciones básicas del profeta:

1.- Anunciar la palabra de Yahveh.

La responsabilidad principal del profeta era ser el portador de la voz de Dios en el pueblo, sea una voz dulce de esperanza, una voz de dura de advertencia o la amarga voz de la endecha (Jer. 3:12). La voz del profeta se alzaba como la voz de Dios declarando su voluntad.

2.- Denunciar el pecado.

Sin temor a equivocarnos podemos decir que la parte más dura del ministerio profético es cuando al profeta le toca enfrentar al pueblo con la realidad de la violación de la alianza, el culto a otros dioses y el abandono a Yahveh. De hecho, esta es la que trajo muerte a muchos de los profetas (Isa. 1:1-9).

3.- Animar al pueblo.

Por su cualidad de conocedor de Dios, el profeta se ve en la facultad de mientras ve al pueblo sumido en el desastre, recordar al pueblo el Dios a quien han servido y en quien han confiado, por eso es una constante traer a la memoria la alianza del Sinaí en los profetas del norte.

4.- Acompañar al pueblo.

Esta es una función bastante interesante porque demuestra que el profeta surge del pueblo mismo. Cabe destacar que esta función aparece en el siglo VIII ya que en los orígenes del profetismo en Israel el profeta era un siervo del rey. Según Sicre, se divide en tres etapas: la primera describe cercanía física y distanciamiento crítico con la monarquía. La segunda etapa se caracteriza por la lejanía física que se va estableciendo entre el profeta y el rey 2. La tercera etapa concilia la lejanía progresiva de la corte con el acercamiento cada vez mayor al pueblo 3.

Esto nos enseña como el profeta sale del palacio y se mete entre el pueblo, deja de escuchar el trono y comienza a escuchar la voz del pueblo; de manera que el profeta sabe quién es el pueblo, sufre con el pueblo y siente con el pueblo.

5.- Consolar al pueblo.

Esta se deriva de la anterior. Al convertirse en un hombre que camina con el pueblo, cuando el pueblo llora, él mismo se convierte en el hombro del pueblo. En tiempos de lamento el profeta era el abrazo de Yahveh al pueblo (cf. Isaías 40). En el momento de la desolación la voz profética fue al pueblo la señal de que Dios no los había abandonado.

¿Cuáles fueron las luchas y los objetivos del ministerio profético?

Para contestar de manera más fácil esta pregunta, dividiré el ministerio profético en 5 períodos.

Siglo IX. El siglo del profeta de la corte.

Este periodo es protagonizado por hombres como Gad, Nathan, Elías y Eliseo. Se caracteriza por ser un periodo en el cual el profeta sirve de consejero a los gobernantes, pero también los enfrenta por su pecado. Lo que nos hace reflexionar en que el ministerio profético enfrenta el mal imperante y los excesos de los poderosos.

Siglo VIII. El siglo de oro de la profecía.

Este periodo lo llenan profetas como Oseas, Amos, Isaías y Miqueas y es considerado el siglo de oro porque es cuando el ministerio del profeta se vuelve aún más relevante en la sociedad, ya que comienzan a escribir sus oráculos. El profeta está metido definitivamente en medio del pueblo debido al aumento de los males sociales como el imperialismo, las injusticias, la opresión a los pobres; ya los excesos no solo los cometen los reyes sino también los que se han vuelto ricos a partir del abuso. En este momento los profetas se vuelven la voz de los que por el mal han quedado enmudecidos, se convierte en el escudo de los vulnerables y la cara de los desconocidos.

Siglo VII. Destierro y esperanza.

Este siglo lo protagonizan Jeremías y sus lamentaciones, Sofonías y Habacuc. Este es un periodo duro ya que Judá ve llegar a sus puertas el mal. Llega lo que nunca un judío pensaba que sucedería: la gran Jerusalén con el templo y sus sacerdotes caerían en manos del enemigo. Este periodo es caracterizado por la reflexión teológica; tal es el caso de Habacuc, quien hace algo que aparece por primera vez en este siglo: el profeta “cuestionando a Dios”. Este tiempo es muy marcado por los anuncios de una futura restauración para el pueblo, en el que se demostraría que Dios ama a su pueblo y que es fiel a la alianza.

Siglo VI. En Babilonia.

Aquí aparecen Ezequiel y el Deutero-Isaías 4. Ya en este periodo el pueblo vive una dura realidad: la gloria de Dios abandona el templo. El profeta aquí toma el templo, que era alabado, para dar a entender que Dios no es el amuleto de Judá, que la liturgia fría no trae paz, que la alianza con Yahveh no era una licencia para pecar y que la justicia social que clamaban en el siglo VIII fue uno de los canales que facilitaron su llegada al destierro. En este periodo llega la nostalgia, pero el profeta trae un mensaje que les hará levantar las cabezas; Dios consuela a su pueblo y Dios manda a secar las lágrimas porque Dios es fiel.

Siglo V. El retorno.

Vamos a ponernos unos segundos en la piel de los judíos que retornan del cautiverio. La imagen de Jerusalén asolada, el templo destruido, los campos y las casas destrozados; un panorama lúgubre. Este es el problema al que se enfrentan Hageo, Zacarías y Malaquías. Este periodo es caracterizado por el llamado a la reedificación. El profeta toma el papel de ser la voz que anima al pueblo, la voz que trae el canto de la esperanza y recuerda el cumplimiento de la promesa de Yahveh.

Consideraciones finales

Como vemos, el ministerio profético es el ministerio de un hombre de Dios que surge del pueblo, anda con el pueblo, conoce el pueblo, camina en el pueblo y ama el pueblo. El profeta es un hombre sensible al llanto del ser humano. Uno que sufre las injusticias. Es un intercesor en el pueblo. Uno que ante los males sociales y las crisis humanitarias trae la buena palabra Dios. ¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian la paz! De aquellos que anuncian: ¡tu Dios reina!

***
¿Es necesario el ministerio profético en la iglesia hoy?

¡Diría mil veces que sí! Es necesario salir del palacio al pueblo; Jesús encarnó con su vida esta proposición. Es necesario ser la voz de los oprimidos; Jesús asumió como su misión esta proposición. Es necesario ser la voz de la esperanza en medio de la crisis; Jesús asumió esta proposición como su mensaje.

Concluyo diciendo que, aunque es necesario el ministerio profético, no es un hombre quien debe hacerlo; es la iglesia que debe abrazar y encarnar el ministerio profético. La iglesia debe ser la voz profética: una voz que clama en el desierto, preparando el camino para la paroussia.


Imagen: Isaías, por Doré.
  1. – Fee, Gordon. Lectura eficaz de la Biblia.
  2. – Sicre, Jose L. El profetismo en Israel.
  3. Ibid.
  4. – Algunos estudiosos llaman Deutero-Isaías a la sección del libro de Isaías que comprenden entre los capítulos 40-55 y han llegado a la conclusión que fueron escritos durante el exilio.

Es Dominicano, microbiólogo, está casado con Kharolina, tiene diplomado en estudios bíblicos y apologética. Actualmente sirve en la enseñanza y el ministerio de jóvenes en su congregación.

3 comentarios sobre “¡Necesitamos profetas hoy!

  1. Estoy de acuerdo con algunos comentarios del artículo pero Consideró que la relevancia entre los profetas al anunciar al Mesías fue mucho más del 2% y con respecto al último comentario debemos recordar que Gálatas 3 28 como también lo menciona el libro de romanos Dios no hace acepción de personas y usa al que quiere Eso incluye mujeres profetas

  2. BENDICIONES A TODOS, DESDE CHILE, ESPERANDO PODER TENER ALGÚN CONTACTO CON USTEDES Y LAS GRACIAS POR LOS MENSAJES Y DEVOCIONALES, BENDICIONES Y FUERZA EN EL SEGUIMIENTO DE CRISTO JESUS

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