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Los doce espías del siglo XXI

Sin duda la historia de Israel es paradigmática para el cristianismo. Cada lectura reflexiva nos inserta en las pequeñas historias que, luego se conectan con la gran historia veterotestamentaria. Israel tenía una misión clara hasta la llegada del Mesías. Una misión en la misma dirección que la del cristianismo, sostengo, aunque con otras formas y expresiones.

Mira, Israel, el Señor tu Dios ha puesto la tierra delante de ti; sube, toma posesión de ella, como el Señor, el Dios de tus padres, te ha dicho. No temas ni te acobardes. 

Deuteronomio 1.21 NBLH

El evento que estoy aludiendo es agridulce. Pareciera que las tribus de Israel dudaban del Dios de la misión, o que la misión que Dios les había dado era demasiado grande para ellos tan pequeños. Eso parece cuando estando ya cerca de la tierra prometida algunos de ellos proponen enviar doce espías para que exploren la magnitud y dificultad de la misión.

En mi opinión, y en la de Moisés fue una buena idea la de los hombres dirigentes de Israel, de que hay que explorar la magnitud; es decir, hay que diagnosticar para poder planear una estrategia así como los recursos, humanos o físicos que implica la misión.

Entonces todos ustedes se acercaron a mí, y dijeron: ‘Enviemos hombres delante de nosotros, que nos exploren la tierra, y nos traigan noticia del camino por el cual hemos de subir y de las ciudades a las cuales entraremos. Me agradó el plan, y tomé a doce hombres de entre ustedes, un hombre por cada tribu.

Deuteronomio 1.22-33 NBLH

Aquí suele haber una falsa dicotomía en creer que cuando Dios nos envía a alguna misión “no hay que prepararse, ya que él va con nosotros”. En ninguna parte del Antiguo Testamento puedo llegar a esa conclusión. Que Dios envíe quiere decir que, de una forma u otra él nos ayudará a prepararnos, pero nunca que no tengamos que hacerlo. Jesús preparó a sus discípulos casi tres años, luego los envío. De hecho, el vocablo envío también puede significar “equipar”.

No niego que, la propuesta de los espías tuviera más que ver con el temor  que con la planificación. No obstante, era un buen ejercicio para dimensionar de que tamaño tenía que ser la fe en el Dios de la misión. Así que, doce hombres salieron con la consigna de explorar la ciudad. Al llegar, el ejercicio fue una espada de doble filo, ya que el pesimismo y el “realismo” superó en mayoría al optimismo y la confianza, como siempre (diría).

Ellos rindieron el informe, pienso que un informe bueno.

Y volvieron de reconocer la tierra después de cuarenta días, y fueron y se presentaron a Moisés, a Aarón, y a toda la congregación de los Israelitas en el desierto de Parán, en Cades; y les dieron un informe a ellos y a toda la congregación, y les enseñaron el fruto de la tierra. Y le contaron a Moisés, y le dijeron: “Fuimos a la tierra adonde nos enviaste; ciertamente mana leche y miel, y éste es el fruto de ella. Sólo que es fuerte el pueblo que habita en la tierra, y las ciudades, fortificadas y muy grandes; y además vimos allí a los descendientes de Anac…

Números 13.25-28 NBLH

En realidad la propuesta fue buena; afirmo que, a Dios le agrada que seamos propositivos. Claro, hay edades y situaciones en las que simplemente debemos pedir instrucción de cada cosa y obedecer sin palabra, pero también llega un tiempo cuando al “jefe o padre de familia” le gustaría que, sus hijos fueran capaces de tomar buenas decisiones basados en la formación que él le ha dado y que emprendieran proyectos independientes en dirección de los propósitos de la “casa o reino”.

Dios quiere que propongamos, que vayamos a explorar, que usemos los recursos que tenemos en nuestras manos, que con inteligencia enfrentemos la batalla que él promete respaldar.

Aquí me detengo y pienso que, independientemente del pasaje en reflexión, y la actitud con la que el pueblo respondió a este informe, a decir, con falta de disposición y confianza en Dios, hoy nos falta ese “espíritu de espía”. ¿Qué quiero decir? Si, uno que propone, que piensa, que planifica, que prepara la estrategia para enfrentar, uno que dimensiona la batalla. Uno que entiende que no hay dicotomía en “Dios peleará por ustedes” y “ustedes tomarán la espada y pelearán la batalla de Dios; ustedes con Dios, Dios con ustedes”.

Estamos en pleno siglo XXI y creo que seguimos peleando batallas sin “espiarlas”, sin dimensionarlas ni planificarlas. Estamos enfrentando batallas con armas que, podían vencer a enemigos de hace cien años, pero que esos enemigos ya no están en el campo de batalla. Estamos haciendo las mismas acciones que surtieron fruto en el pasado pero que hoy, nuestros enemigos son inmunes a ellas. Estamos tirando golpes al aire y desgastando los pocos recursos que tenemos.

Es tiempo de desafío. Es un tiempo de tregua entre “nuestras tribus”, protestantes y católicas, en la que desde diferentes frentes debemos afilar nuestras armas, diagnosticar la batalla y confiar en Dios: que él estará con nosotros si dejamos de pelear entre nosotros.

Si, no con fuerza ni con caballo solamente, pero no sin ello. El Espíritu Santo del Señor hace la diferencia, pero usa a hombres que entienden el desafío, que se preparan, que afilan sus armas, que salen al campo de batalla. No a hombres que con pretexto de que Dios pelea, se quedan en casa entretenidos con los afanes y los deleites.

Dios ha levantado profetas y no le hemos hecho caso. Seguimos aferrados a los métodos y formas de nuestras denominaciones. Escatimamos a nuestros enemigos e ignoramos a nuestro Dios. Si, el enemigo sigue siendo grande y sus ciudades fortificadas, pero el Señor promete su respaldo si tenemos el interés de buscar su reino y su justicia. Pidamos, busquemos, toquemos, si no, no recibiremos su ayuda. Negociemos los talentos y nos los escondamos. Tengamos la mentalidad de Cristo. Vivamos para Él.

Enardezco de envidia por como las personas de este mundo les dedican miles de horas a sus proyectos y negocios, como investigan, como invierten recursos en sus propósitos meramente terrenales (no necesariamente malos). Se desvelan y dedican sus vidas enteras a llevar al éxito proyectos. Y nosotros no somos capaces de “permanecer si quiera una hora en oración”, ni en “meditar día y noche, cada día”, ni de ser fieles en lo pequeño (nuestra misma vida familiar, laboral o eclesiástica).

Nuevamente viene el desafío por parte de Dios para su pueblo como voz de profeta por Caleb:

Entonces Caleb calmó al pueblo delante de Moisés, y dijo: “Debemos ciertamente subir y tomar posesión de ella, porque sin duda la conquistaremos.

Números 13.30 NBLH

¿Cuál será nuestra respuesta? ¿Miedo? ¿Flojera? ¿O finalmente asumiéremos la grandeza de nuestra vocación a la cual fuimos llamados? Es tiempo de no claudicar entre dos formas de vida. Si todo lo que no es Dios nos ofrece todo lo que deseamos, sigámosle. Pero si Jesucristo es Dios, sigámosle a Él. Ojalá pudiésemos decir con seguridad como Josué: Yo y mi casa, serviremos al Señor.

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