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Busquen las cosas de abajo

Un dualismo no intencional

Justo hace unos días recibí una diplomatura en finanzas inmobiliarias, de la cual aprendí un cúmulo interesante de realidades revolucionaras -al menos para mí- acerca del mundo del dinero. A estas alturas de mi vida -34 años- puedo admitir que es lamentable la poca cultura cristiana acerca de estos temas tabú. No debería ser así.

Para los que no saben o no se acuerdan, mi profesión y ocupación a tiempo compartido con el pastorado es la ingeniería civil -actualmente laboro en una desarrolladora de proyectos inmobiliarios, coordinando las licitaciones y contratos en el área de costos.

Tocante al tema de las riquezas me gustaría poner en relieve un reclamo de nuestro Señor que surge de un pasaje que desde mi adolescencia me ha causado intriga y confusión: “Lucas 16, el mayordomo infiel”. En este momento no recuerdo haber escuchado una predicación acerca de ese texto. O por lo menos no como base de una predicación completa.

Y es que no es novedad que, existe dualismo no intencional en nuestras interpretaciones de las cosas terrenales y celestiales; textos que, aparentemente nos sugieren que lo primero es malo en sí mismo. Este ha sido un grave problema en nuestros cristianismos, cuando por esas interpretaciones, abandonamos cuestiones culturales, sociales y políticas.

De esto he venido hablando en los post anteriores. Ver también:

¿Las riquezas injustas?

El pasaje es algo confuso porque nuestro Señor Jesucristo hace eco del elogio que hace el señor (jefe) al mayordomo injusto. Además, hace una recomendación aparentemente contradictoria -por lo menos en nuestro contexto hispanohablante- cuando dice: “Ganen amigos por medio de las riquezas injustas”. Leemos:

Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.

Jesucristo, Lucas 16.9 NBLH

La historia no es tan compleja, ya que relata una situación en la que un mayordomo es despedido por no cuidar (administrar) los intereses del jefe: “por derrochar los bienes” (verso 1). En seguida, en dicha situación el mayordomo piensa en una estrategia para no quedarse en la calle, porque al parecer, es viejo y no puede dedicarse a trabajos forzosos y, para un judío mendigar es impensable (verso 3).

Su estrategia es realmente interesante ya que, aprovechando su posición y facultad, lo utiliza para ganar amigos. En términos de Mateo 25 (la parábola de los talentos) utilizó bien su posición y sus habilidades para negociar un futuro incierto.

Cabe mencionar que, algunos de los mayordomos tenían la facultad de perdonar deudas sobre los intereses, que dicho sea de paso, un judío no podría cobrar intereses a compatriotas ni tampoco a los que tuvieran alguna dificultad financiera (ver Mateo 18 y la parábola de los dos deudores).

El mayordomo perdonó a uno el 50% y al otro el 20% (versos 5 al 7). Esos porcentajes, en mi opinión, tenía que ver más con el interés que con la deuda en sí. De otra forma la reacción del jefe hubiese sido un poco más dura y no precisamente un elogio. Claramente aquí los comentaristas y las posturas tienden al infinito en las diferentes interpretaciones.

¿Qué aprender del mayordomo infiel?

Por su puesto que es malo lo que hizo, pero no por lo que en la superficie se aprecia. Aquí es importante recalcar que el mayordomo era injusto porque se le contrató para administrar los bienes y justamente lo que hizo fue derrocharlos. Pero “administrar mal” los bienes que no son nuestros es un pecado en el que todos podemos caer y caemos cuando descuidamos el trabajo, nuestro cuerpo, familia, etc.

En mi opinión no le robó, sino utilizó su posición para “ayudar a otros”. De otra manera el elogio sería muy cuestionable (verso 8). ¿Por qué coloco el ‘ayudar’ entre comillas? Precisamente porque no ayudó porque tuviera un carácter dadivoso o benefactor del menesteroso. Su estrategia fue “perdonar” deudas a los que sí pudieran regresarle el favor. Aparentemente le funcionó.

La parte que en serio me deja pasmado y que yo lo veo como un reclamo profético -porque fue un reclamo en el pasado, y se repite de tiempo en tiempo- es el verso ocho:

El señor elogió al mayordomo injusto porque había procedido con sagacidad, pues los hijos de este siglo son más sagaces en las relaciones con sus semejantes que los hijos de la luz.

Jesucristo, Lucas 16, 8.

No quiero concentrarme en si las primeras palabras (elogio) de este verso son palabras del señor (dueño) o del Señor, sino en el reclamo que Jesús hace a los hijos de la luz: “pues los hijos de este siglo son más sagaces …”. Para mí es confrontante y doloroso este reclamo.

Es un reclamo duro. No somos sagaces en nuestras relaciones con los semejantes y otras cosas de esa categoría: ¡En lo poco, los hijos de este siglo nos sobrepasan! No. No puedo con eso. Porque creo que sigue siendo verdad.

El desafío del siglo XXI: sagacidad

Y yo os digo: Haceos amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando falten, os reciban en las moradas eternas.

Jesucristo, Lucas 16, 9. NHBL

Quizá este es el texto más controversial. La confusión proviene de la traducción al español. Para no alargarme en este punto sólo quisiera comentar que, “riquezas injustas” no son dos palabras en la que se describe la ética de ciertos negocios, sino es un concepto (una sola palabra en griego) de la raíz muy conocida mammón.

Algunos comentan que sus primeros usos tiene que ver con “algo donde depositas tu confianza”, luego se refirió a los negocios meramente terrenales. Por esto, la versión hispana dice “riquezas injustas” que, quiere decir “negocios terrenales”. No malos en sí mismos. Como mencioné, interpretar de una forma esto es un problema, porque no incentiva a meternos a los negocios. Y para nadie es novedad que no tenemos muchos hombres creyentes que sean empresarios o expertos en materias “seculares” que, aporten al reino de Dios.

El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho; y el que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho. Por tanto, si no habéis sido fieles en el uso de las riquezas injustas, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas? Y si no habéis sido fieles en el uso de lo ajeno, ¿quién os dará lo que es vuestro?

Jesucristo, Lucas 16.10-12, LBLA

Quiero concluir poniendo la atención requerida al reclamo en sí. El proceder del mayordomo y el concepto de riquezas terrenales quedan en segundo termino.

¿Qué significa realmente que nosotros no somos sagaces como ellos? ¿En qué cosas exactamente nos falta sagacidad? ¿Qué es lo poco en relación a lo mucho? ¿Hay dualidad o antítesis entre lo poco y lo mucho? ¿Realmente podemos ser fieles en lo mucho sin serlo en lo poco? ¿Qué es lo que sí deberíamos estar haciendo para atender al reclamo del Señor?

La sagacidad tiene que ver con la habilidad de ver las cosas y sus implicaciones con claridad. En general, no tenemos esa habilidad en temas que llamamos seculares, como las finanzas, la tecnología o política. En realidad aunque hay muchos creyentes que han aportado, la realidad es que no somos expertos en ello. ¿Por qué? Porque no entendemos con claridad como funcionan los negocios tal y como ellos lo entienden. Es obvio que nuestra motivación no debe ser la del mayordomo injusto, pero tampoco menor la sagacidad y el empeño.

¿Por qué las ideologías avanzan en nuestros medios? Porque llevan años peleando en los medios políticos dichos “derechos”. ¿Nosotros? Marchamos cada año, o boicoteamos marcas. Cuando creo que deberíamos mandar nuestros mejores hombres a profesiones y posiciones claves en la política, economía, finanzas y sociedad. Pero no está siendo así, al menos no en cantidad y calidad. Le tenemos miedo al tema del dinero y política porque podemos caer en ambición.

¿Realmente la solución es abandonar la cultura, el arte, los negocios y la política para evitar caer en tentación? ¿No es mejor, aunque más difícil, invertir en preparar mejores hombres? Hemos apostado por “separarnos” de las riquezas injustas y, el reclamo sigue siendo el mismo: “Ustedes no son sagaces como ellos”.

Ellos se esfuerzan y se “matan” por sus negocios. Nosotros, no podemos ni ser puntuales a nuestras reuniones. Ellos estudian e invierten en sus tesoros. Nosotros no somos capaces ni “velar una hora”. Ellos son sagaces en sus relaciones. Nosotros, somos insensatos en lo poco.

No al dualismo

Sí, busquemos las cosas de abajo… como ellos pero no como ellos. Buscar las cosas de abajo por los medios lícitos y los valores del reino, es realmente buscar las cosas de arriba. Las cosas de arriba no son contrarias en dirección a las de abajo, aunque ciertamente mayores porque no tienen caducidad.

La diferencia básica entre lo de arriba y lo de abajo, lo espiritual y lo carnal, lo mucho y lo poco, lo sagrado y lo secular es que, mientras lo primero trasciende, es decir, que seguirá por la eternidad, lo segundo caduca… pero no es malo ni es contrario a “lo de arriba”.

Al contrario, si yo descuido “lo de abajo”, por ejemplo mi cuerpo, no estoy realmente cuidando lo de arriba. Porque mi cuerpo trascenderá a esta vida. El cuidar el cuerpo importa. El cuidar nuestro trabajo, importa. El ser buenos padres, importa. Y todo esto suma para las recompensan en esta vida y en la venidera.

Mientras no entendamos la correlación de esto, seguiremos fomentando un dualismo dañino que nos lleva a una teología pasiva y escapista que, solo espera el cielo y no hace nada aquí en la tierra.

Que Dios nos ayude a hacer su voluntad, así como en el cielo…

Afirmo con gran convicción que hoy, más que nunca, necesitamos discípulos fieles en lo poco; en temas relacionados a lo “terrenal”. Especialistas en los negocios pero que no amen las riquezas. Expertos en políticas, pero incorruptibles. Abogados, ingenieros, arquitectos, artistas, deportistas que irrumpan en un mundo tan necesitado de Dios.

Hombres sagaces. Hombres fieles. Hombres que viven y mueren para que el reino de Dios sea más claro y contundente. Hombres de oración y de acción. Hombres que sepan distinguir entre lo poco y lo mucho, y que usen la sagacidad de tal modo como la usó el mayordomo infiel.

… si no habéis sido fieles en el uso de las riquezas injustas, ¿quién os confiará las riquezas verdaderas?

Jesucristo, Lucas 16.11.

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Photo by Samuel Zeller on Unsplash

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