¿Quiénes sómos?

Historia en Construcción

Damos gracias a Dios nuestro Padre que, hace unos dos años (2016) nos enriqueció con una gracia a través del Señor Jesucristo, que se ha manifestado en una amistad respetuosa y profunda. Antes que todo, somos amigos y hermanos, y en esa fraternidad surge la idea de trabajar en conjunto, en comunión y unidad. No como un ministerio como tal, sino como una iniciativa que apoya los ministerios.

Desde allá donde cada uno vive (México, Chile, República Dominicana, Venezuela o Argentina), sin tener que viajar, sin cambiar de denominación o tradición, o sin llenar un listado de requisitos de cosmovisión, sin abandonar nuestras congregaciones, nos unimos en pro de los nuestros y de aquellos que necesitan ser fortalecidos, respetando el fundamento ajeno (cf. Romanos 15.20)

Cada uno de nosotros es gente que se congrega y trabaja directamente en los ministerios locales, priorizamos eso más que los ministerios virtuales. Cada uno de ellos trabaja con sus manos y la mayoría es cabeza de hogar, lo que provoca una responsabilidad mayor. Ya no somos niños, y en ese entendido queremos dar lo mucho y lo poco que hemos recibido, por gracia, como debe ser (cf. Mateo 10.8).

Llenaremos este espacio con buenas aportaciones, proyectos  muy útiles y sobre todo, sumaremos a la  fraternidad entre el pueblo de Dios, especialmente entre los evangélicos sin una confesión histórica. Nosotros buscamos la unidad y comunión verdadera, una coalición amplia que aparentemente es imposible dentro de las denominaciones de la cristiandad. No hemos triunfado, pero lo estamos intentando. ¿Cómo?

Superarando la efervescencia de nuestra tradición, buscando el camino de construir una mejor teología propia, latinoamericana, partiendo desde la ala conservadora y, una coalición totalmente inter-denominacional. ¿Se podrá? Nuestro sueño es morir en el intento. “Todo lo soporto por amor a los escogidos (cf 2 Timoteo 2.10)”.

Nuestro Equipo

Queremos dar la cara y a la vez no. Nosotros no somos importantes sino el sentir que existe en nuestros corazones. Solo queremos decirles que “somos reales y comunes, sin nada especial”. “Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya (cf. Juan 3.30)”.

Somos y pretendemos formar un equipo con mucha confianza en el poder del Espíritu de Dios, que entiende que sí Él va delante entonces vale la pena entregarlo todo.

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