Teología Pastoral

Alcance social del Evangelio

Restricciones: El “denominacionalismo”

Nos enseñaron a ser anticatólicos, antiliberales, antiizquierdistas y antitodo… pero no nos enseñaron a argumentar y a discernir.

Nos ha hecho mucho daño el reducir todo a dos posturas opuestas, construir dicotomías [falsas] entre capitalismo y socialismo, liberalismo o conservadurismo, calvinismo o arminianismo, cesacionismo o continuismo… esto diluye los matices, censura los argumentos y mata al discernimiento. La gente suele ser partidista y no argumentativa. Por ejemplo, en la política, si votas por un candidato de izquierda: apoyas al aborto y al matrimonio gay. Si votas por uno de derecha: apoyas a la vida y la familia. Pasando por alto los argumentos y reduciendo la fe a sólo dos opciones. Acaso, ¿el racismo no importa? ¿El crimen? ¿La corrupción? ¿El maltrato infantil? ¿El adulterio?

El cristiano actual no se ha caracterizado por la reflexión propia. Somos muy inseguros. Tenemos miedo. Necesitamos ir a los comentarios bíblicos y libros para llegar a una conclusión de otro; pero esos comentarios y libros deben ser de nuestra denominación porque puede haber infiltrados y conspiraciones para “desviarnos”; debe de ser de nuestra editorial certificada, porque pueden existir algunos liberales camuflados.

Aunado a esto, vivimos en la era de la desinformación. Si. Hay muchísima información que está a la distancia de nuestros dedos: páginas, blogs, coaliciones, predicadores y ministerios por doquier, pero ¿quién dice la verdad? ¿Quién puede orientarnos? ¿Quién es confiable? Es más fácil pertenecer a un “bando” que usar el discernimiento. No solemos usar la regla de oro de la interpretación: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (cf. Tesalonicenses 5.21), porque es más fácil declarar a alguien hereje que, amarle, interactuar con los argumentos, aprender en el camino para luego refutar si es necesario.

En los últimos años hemos equiparado el evangelismo y la sana doctrina con el promover nuestros distintivos denominacionales.

Todo aquello que no suene “al lenguaje y cultura”de mi denominación, es desechado en automático. De esta manera se rechaza el trabajo, las buenas ideas y los argumentos de las otras denominaciones o escuelas teológicas. Entonces, la reflexión teológica ya no es reflexión sino una mera repetición de lo que hace cinco o quince siglos dijeron nuestros “padres”.

El problema de raíz no es la heterodoxia por si misma sino falta de discernimiento al interactuar con los argumentos que desafían nuestras estructuras denominacionales.

Teniendo esta postura desaprovechamos los avances de otras corrientes que, en ciertos puntos pueden ser liberales, progresistas o el mote que mejor prefiramos. Mi punto en este escrito es, reconocer los planteamientos y reclamos de un movimiento del siglo pasado que se le denominó:El Evangelio social.

El Evangelio Social

El Evangelio social fue un “Movimiento liderado porWalter Rauschenbusch que enfatizaba el reino de Dios como realidad presente enla historia, y la necesidad de recuperar el ideal social de la cristiandad […]un cristianismo relevante [que] debe colocar a los hombres bajo arrepentimientopor sus pecados colectivos”.

Una definición del diccionario sería insuficiente porque hablar de Evangelio social sin inmiscuir conceptos como “liberalismo, progresismo, las teologías liberacionistas, las izquierdas socialistas, el fundamentalismo y el neoevangelicalismo”, es complicado. El espacio no me ajusta para hablar de su trasfondo, correlación y expresiones particulares. Baste decir que, se puede rastrear el concepto en la publicación del libro “El cristianismo y la crisis social” de Walter Rauschenbusch, que lo catapultó a él y su “evangelio social” en la conciencia de la nación estadunidense (1907). 

Rauschenbusch (18611918) fue un pastor bautista de la Segunda Iglesia Bautista Alemana en la ciudad de Nueva York. Abrazó el socialismo, pero no como una ideología; simplemente sentía que los socialistas generalmente tenían las respuestas más prácticas a las cuestiones sociales de su tiempo.

“Sus escritos”, dijo Martin Luther King, Jr., “dejaron una huella indeleble en mi pensamiento”, y su comprensión del reino de Dios continúa atrayendo a aquellos que desean combinar la pasión evangélica con la justicia social.

Otros encuentran la idea de un Evangelio con dimensiones sociales a la teología liberal de Albrecht Ritsch (1822-1889). Unos más se aventuran a encontrar la idea en el concepto del “Reino de Dios ahora” en el teólogo francés, Juan Calvino (1509-1564). “Haiga sido como haiga sido [sic]” aquella idea que impactó en su momento sigue inquietando hoy, con la desafiante pregunta ¿Cuáles son los alcances sociales del Evangelio?

Por su puesto, este movimiento trajo controversia… pero influyó [para bien o para mal, cada uno tendrá su opinión] en varias expresiones contemporáneas y contextuales en nuestra América Latina, como la“Teología de la Liberación” por parte del catolicismo romano o la “Misión Integral” en el caso evangélico. Estas teologías promovieron no dejar fuera del espectro del Evangelio, lo social: que el Evangelio no sólo afecta a la salvación de las almas sino también a nuestras vidas sociales y políticas.

Sin duda, estas expresiones se sostienen en un postulado de la escuela de la Neo-ortodoxa de Karl Barth: “Dios se coloca siempre incondicional y apasionadamente de un lado y sólo de uno: contra los encumbrados y a favor de los humillados (Barth)”. Ya con esto para muchos “huele”a socialismo y liberalismo. Razonan: “si el trasfondo viene de la neo-ortodoxiay/o liberalismo hay que rechazar estas “novedosas” teologías”.

Algunos sectores del cristianismo rechazan enfáticamente que, la Gran Comisión implique una participación de la iglesia institucional en las acciones sociales y/o políticas. Incluso, se sigue debatiendo ávidamente si la misión de la iglesia tiene un énfasis en las acciones sociales o si solo es una proclamación verbal del Evangelio que, requiere un asentimiento intelectual a ciertas doctrinas.

Por esto han sido criticados incluso, algunos de los nuevos calvinistas como Tim Keller, John Piper, David Platt, Francis Chan y John Sttot (por mencionar algunos). Este último en Laussana (1974) postuló “ampliar el espectro del Evangelio” en atender también a las injusticias sociales. Quizá la idea más desarrollada la encontramos en pluma de Tim Keller:

“El propósito de la venida de Jesús es poner a todo el mundo bien, a renovar y restaurar la creación, no para escapar de ella. No se trata sólo de traer el perdón personal y la paz, sino también la justicia y shalom para el mundo […] La obra del Espíritu de Dios no es sólo salvar almas,sino también el cuidar y cultivar la faz de la tierra, el mundo material”.

Conclusión

Algunas denominaciones tomaron bien las postulaciones y reclamos del “Evangelio Social”, atendiendo de buena manera con acción social, las necesidades del ser humano, fundándose algunas ONGs y similares, pero, que lamentablemente descuidaron el discipulado en la doctrina del Señor Jesucristo.

Otros sectores sin descuidar el discipulado atendieron el desafío de que la iglesia debe amar al prójimo con acciones palpables e impacto social.

No hay que rechazar lo que nació de otras corrientes simplemente porque suena diferente a nosotros. Hay que examinar todo y retenerlo bueno. Hay que usar el discernimiento. Es gratuito, pero cuánto cuesta tenerlo.

También vale decir que estas “teologías” más que una confesión nueva de fe, son nuevas perspectivas y maneras de reflexionar sobre la Biblia: buscando atender la necesidad de cierto grupo descuidado. Así que, antes que rechazar primero creo que es necesario no pasar por alto los “reclamos” de esas teologías, y hasta usar los planteamientos de estas, que, por supuesto, no estamos obligados a llegar a sus mismas conclusiones.

Barth tuvo razón cuando dijo: “la tarea no consiste en proyectar otros anhelos y esperanzas en los oprimidos y hacer de ello una teología. Sino que se trata de buscar la Palabra de Aquél que está presente con y por los oprimidos, para desde allí construir su teología”.

Sea cual sea nuestra conclusión, creo que es necesario combatir [con argumentos] las teologías escapistas:

Los cristianos estamos en este mundo no sólo a la espera del reino de Dios en el más allá, sino también para poner por obra la voluntad de Dios expresada por Jesús en el más acá.

Quizá no seremos de los que transforman al mundo socialmente, pero sí de los que lo trastornan. Concluyo diciendo:

Dios me libre de decir que el Evangelio se puede predicar sin hablar, pero más me libre de pretender predicar sin actuar.

Bibliografía consultada:

BARTH, Karl, Church Dogmatics, 11/1.

DEIROS, Pablo A., El Evangelio que proclamamos, Buenos Aires: Publicaciones Proforme 2008.

KELLER, TIMOTHY, El Evangelio y los pobres

(http://es.gospeltranslations.org/wiki/El_Evangelio_y_Los_Pobres)

STOTT, John R. W. y Basil Meeking, Diálogos sobre la misión, trad. C. Rene Padilla, Buenos Aires: Nueva Creación, 1998.

TAHAR,  MALIK CHAOUCH, La teología de la liberación en América Latina: una relectura sociológica.

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Evangélico desde muy pequeño, hijo de pastor e Ingeniero Civil de profesión. Esposo y padre. Es además Pastor en Casa de Oración Rancho Nuevo (Guadalajara, Mx) desde el 2012. Actualmente aspira a una Maestría en Teología por FIET.

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