Todos somos teólogos, la diferencia es cualitativa: “no todos somos buenos teólogos”.
Preparad el Camino

TEOLOGÍA PARA TODOS

HACE ALGUNOS años hablar de Teología en nuestro contexto latinoamericano era todo un tabú. Abordar a Dios desde una perspectiva académica era un insulto para la mayoría de los nuevos cristianos, hasta sinónimo de frialdad (apatía). Definitivamente hoy estamos pagando la factura de la renuncia voluntaria de los evangélicos al estudio serio de la Palabra de Dios.

No obstante, ningún creyente puede escapar de la Teología; sea cual sea su capacidad intelectual o su cosmovisión (lente denominacional). Ya que al leer la Biblia, cantar cánticos, compartir el Evangelio y cuando oramos, estamos siendo parte activa del “quehacer” teológico.

La teología es el lenguaje que usamos para referimos a Dios. Es razonar acerca de lo que dice Dios. En palabras más técnicas, es “el estudio disciplinado de las Escrituras y desde las Escrituras, con el fin de comprender nuestra realidad desde el punto de vista del creador: “Dios en relación con el mundo y el hombre”.

Teología no es una mera repetición de doctrinas tradicionales sino una persistente búsqueda de la verdad que ellas señalan […] Como búsqueda continuada, el espíritu de la teología es interrogativo antes que doctrinario.[1]

El lenguaje humano será insuficiente para describir a Dios, y el pensamiento del hombre limitado para explicar de Él (Isaías 55.8-9). Karl Barth dijo: “de Dios sólo puede hablar Dios”, por esto, el objeto de estudio no es Dios mismo sino su revelación.

La verdad es que todos los creyentes somos teólogos, en el mismo sentido en que todos los seres humanos, hablamos. La diferencia es más bien cualitativa, no todos pueden llegar a reflexionar de forma acertada acerca de Dios, así como no todos llegan a dominar su lengua natal. Aunque ciertamente algunos son profesionales en lenguas, todos tenemos la posibilidad de prepararnos lo suficiente en el lenguaje para ser competentes según nuestro llamado/vocación.

Parecieran cosas tan distintas, pero el principio es el mismo, ¿qué hace la diferencia entre un individuo que tiene gran vocabulario y un manejo esplendido de su lengua, a otro que a penas puede articular una conversación mediana? La disciplina y constancia en el estudio y práctica de la misma.

Así pasa con la teología y nosotros; la diferencia entre un buen evangelista, pastor, maestro o cristiano de a pie, es su disciplina y constancia en el estudio serio y adecuado de las Escrituras. En la medida que se profundice en el estudio de la Palabra (teología), se estará más preparado (cf. 2 Timoteo 3.16).

COMO “HACER TEOLOGÍA”

Hay dos maneras de encarar la teología y la vida: como espectadores o como caminantes. Juan A. Mackay dijo: “Los primeros son halconeros en el sentido de que pasan la vida mirando, observando y teorizando. Los otros, son los que se juegan en la vida, arriesgando, actuando con pasión y decisión”. Lo trascendente de sumergirse en las Escrituras es, cuando somos transformados (moldeados) y no sólo informados por ella.

La teología como ciencia utiliza dos métodos: el método deductivo y el método inductivo, que nos llevan a dos productos de la teología. Es necesario señalar que existen pasos previos y pasos adjuntos para el círculo hermenéutico (proceso de interpretación), como es la Exégesis al principio, enseguida la Teología Bíblica, luego la Histórica, Sistemática y al final la Pastoral. Aquí encontrarás una reseña sobre esto.

LA TEOLOGÍA SISTEMÁTICA

La teología sistemática es el producto que resulta de utilizar el método deductivo al hacer teología. Trabaja a partir de datos de lo general a lo particular; de una proposición o serie de proposiciones deduce o infiere una serie de hechos. Ejemplo:

Dios es omnipotente = afirmación general.

Luego, deducimos que: puede dar vida, resucitar muertos, crear.

La teología sistemática cuenta con mucha utilidad y popularidad; ya que hacer teología sin sistematizar es como dar golpes al aire. Por eso es necesario sistematizar nuestra fe sin sacralizar nuestro sistema; un sistema por más extenso y coherente, no es igual a la Biblia.

Recordemos que siempre habrá grandes hombres de Dios que llegarán a otras conclusiones.

Productos: Teología propia, bibliología, antropología, jamartiología, cristología, soteriología, eclesiología y escatología.

Es necesario advertir ciertos peligros en relación con la teología sistemática, que nada tiene que ver con el método de sistematizar, sino con la tendencia natural que existe de adoptar un sistema preelaborado, que se usa como lente de interpretación (la tradición). Esa tendencia corre el peligro de desviarse y de colocar al instrumento (doctrina) en el lugar del propósito; se puede caer en “la idolatría de las ideas, conceptos y sistemas”. Las consecuencias de dicha idolatría son lamentables y paradójicas:

  1. a) Esterilidad: dejar de crecer porque se piensa que se ha alcanzado todo.
  2. b) Insensibilidad hacia los necesitados y
  3. c) Crueldad para con los herejes.

LA TEOLOGÍA BÍBLICA

La teología bíblica es el producto que resulta al usar el método inductivo al hacer teología. Geerhardus Vos (pionero de la TB) dice: “La teología bíblica es el brazo de la teología exegética que trata con el proceso de la autorevelación de Dios depositada en la Biblia”[2] (énfasis añadido).

Se observa el proceso más que los detalles. Su metodología es inductiva, comenzando de los particulares concluye o infiere un enunciado general. Por ejemplo:

Dios puede dar vida, resucitar muertos, crear (afirmaciones particulares)…

Luego, se concluye que:

Dios es omnipotente = afirmación general.

“La teología bíblica otorga importancia decisiva a la labor exegética, ya que ocupa una especie de nexo entre la exégesis y la teología sistemática”[3]. El esquema sería el siguiente:

1

A diferencia de la sistemática, la teología bíblica no usa como su instrumental el pensamiento filosófico sino la cosmovisión y pensamiento de cada autor bíblico —su gran mayoría judíos.

Uno de los aportes más importantes que puede dar la teología bíblica, es exponer las diferentes perspectivas teológicas que se hallan en las Escrituras. Por eso se habla de «teología del Antiguo Testamento», «teología del Nuevo Testamento», «teología paulina», «teología petrina », «teología juanina», «lucana», etc[4].

La teología bíblica nos permite vernos a nosotros mismos en relación con los lejanos hechos relatados en la Biblia. “La Teología bíblica nos permite relacionar cualquier historia de la Biblia con su mensaje global y, por lo tanto, con nosotros mismos”[5].

Lamentablemente pocos conocen de la teología bíblica, ya que no ha sido popular. Aunque en este último tiempo ha tenido un buen repunte en las distintas páginas populares del momento.

***

La teología no es una ciencia concluida, sino el producto de una reflexión permanente a partir de cada situación particular, buscando puentes entre datos bíblicos y nuestra situación. La teología se relaciona con el vivir y no solamente con creer. El llamado es para todos: el pastor, el profesionista y el obrero, todos necesitamos una teología firme (manera correcta de usar las Escrituras) para no caer en el relativismo ateo, ni en el fundamentalismo religioso.

Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.

Salmo 1.1-4, RV60.

[1] Daniel L. Migliore, Faith seeking understanding: An introduction to a Christian Theology, Grand Rapids: Eerdmans, 1991, p. 1.

[2] Geerhardus Vos, Biblical Theology, Oíd and New Testament, Londres: The Banner of the Truth Trust, 1975, p. 5.

[3] Alberto F. Roldan, ¿Para qué sirve la Teología?, Buenos Aires: FADEAC, 1999, p. 53.

[4] Alberto F. Roldan, Op. cit, p. 54.

[5] Graeme Goldsworthy, Estrategia divina, Barcelona: Publicaciones ANDAMIO, 2003, p. 29-30.

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