RESEÑA

Antes de la imprenta (1435-1450) ya circulaban Biblias en español de contrabando. Las reiteradas llamadas de atención que encontramos en la Historia de la Inquisición evidencian que circulaban Biblias por lo secreto. Había una ley que obligaba a quienes se les encontraba con la Biblia en su idioma entregarlas en menos de ocho días al obispo de su diócesis para ser quemada.

El más antiguo ejemplar de la Biblia en español se conserva en el museo de El Escorial. Es la llamada Biblia Prealfonsina, una de las obras de Alfonso X (1221–1284). El códice respectivo se ha deteriorado y solo consta actualmente de los libros de Levítico, Números y Deuteronomio.[1]

La Biblia Alfonsina, publicada en 1280, es una Biblia que era parte de un proyecto más amplio denominado Grande e general estoria, compuesto de cinco volúmenes. Este proyecto fue patrocinado por el rey Alfonso X el Sabio, llamado así, entre otras razones, porque fue promotor de la Escuela de Traductores de Toledo y de otra obra en español denominada Estoria de España. La Biblia Alfonsina es una traducción de la Vulgata y muestra influencia de la Biblia prealfonsina.[2]

Biblia de la Casa de Alba es un lujoso códice en vitela, bellamente ilustrado y caligrafiado. Consta únicamente del Antiguo Testamento, ordenado según el canon judío. Es obra del rabí Mosé Arrangel —natural de Guadalajara, España—, quien invirtió en ella nueve años de labor. La terminó en 1430.[3] Obra que tardó 8 años en elaborarse y constó de 513 páginas y 334 ilustraciones. El nombre dado a esta obra, Biblia de Alba, se debe a que esta Biblia está en posesión de los Duques de Alba de Tormes, una familia de la nobleza española, quienes la mantienen al cuidado de la Fundación Casa de Alba en el Palacio de Liria en Madrid, España.[4]

En 1543 se publicó en la imprenta de P. Mierdman en Amberes, Países Bajos, el Nuevo Testamento traducido por Francisco de Enzinas. Esta traducción fue hecha directamente del griego, usando como base el texto griego de Erasmo de Róterdam. Francisco de Enzinas nació en la población de Burgos, España, en 1520. Fue uno de los primeros españoles en convertirse a la causa de la Reforma Protestante. En Wittenberg conoció a Melachton, el cual lo animó a traducir la Biblia al español.[5] Su Biblia fue dedicada al emperador Carlos V, a la vez que fue prohibida por la Inquisición.

Hasta el momento aunque ya había muchas versiones, pero el pueblo no tenía acceso a ellas, pues aún no habían llegado a la imprenta. Poseer un ejemplar de las escrituras era privilegio de ricos y eruditos. Además, aunque hubieran abundado las Biblias, el analfabetismo reinaba por doquier.

En 1553 los judíos portugueses Duarte Pinel y Gerónimo Vargas tradujeron el Antiguo Testamento al castellano. Esta traducción tenía lugar en el ducado de Ferrara, Italia, y por esa razón se denomina Biblia de Ferrara. Los duques de Ferrara habían dado protección a los judíos portugueses y españoles que habían sido expulsados de España y posteriormente de Roma y Nápoles[6].

Entre 1556 y 1557 Juan Pérez de Pineda —amigo de Casiodoro de Reina— publicó en Ginebra su bella traducción del Nuevo Testamento y los Salmos. Escribió también una conmovedora «Epístola consolatoria» dedicada a los cristianos evangélicos de Sevilla que pasaron por el tormento, y veintiuno de los cuales murieron en la hoguera por causa de su fe. Entre éstos se hallaba Julianillo Hernández, que tesonera y audazmente se había dedicado a introducir de contrabando en España el Nuevo Testamento de Juan Pérez. Juan Pérez de Pineda dedicó toda su vida a esparcir la Palabra de Dios, y para contribuir en la empresa aun después de morir, dedicó por testamento todos sus bienes a la impresión de una completa en español.[7]

El monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce jugó un papel importante. Este monasterio pertenecía a los frailes jerónimos, quienes estaban muy influidos por las obras de los reformadores, particularmente el prior de la casa, García Arias, quien alentaba su lectura y estudio. El movimiento reformador influyó también sobre toda la vida monástica, que fue reorganizada para dar más tiempo al estudio de la Biblia y menos tiempo a los ritos tradicionales.

Los frailes de San Isidoro fueron advertidos del peligro de su situación. Después de una discusión de la cuestión, determinaron que cada uno era libre para seguir la decisión que consideraba adecuada. Doce de ellos decidieron dejar el monasterio para seguir caminos diferentes, pero acordaron encontrarse un año más tarde en Ginebra. Así lo hicieron, y después de largas y diversas odiseas todos ellos llegaron a la ciudad suiza. Entre los refugiados sevillanos estaba Juan Pérez, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, todos ellos personajes de gran influencia en la historia de la Biblia en castellano.[8]

CASIODORO DE REINA

Casiodoro de Reina nació en la población de Montemolín, provincia de Badajoz, España, en 1520. Se hizo monje en el monasterio de San Isidoro del Campo en la ciudad de Sevilla. En ese monasterio empezó a leer la traducción del Nuevo Testamento de Juan Pérez de Pineda y a discutir las obras de los principales líderes de la Reforma Protestante introducidas de contrabando en España. De su vida en el monasterio se tienen pocos datos, pero de lo que sí hay constancia es de que el Nuevo Testamento de Juan Pérez de Pineda y otras obras protestantes, traídas de contrabando por Julianillo Hernández, eran leídas cotidianamente por los frailes de aquel monasterio.[9]

Casiodoro de Reina se convirtió en el líder de los simpatizantes de la Reforma en el monasterio; finalmente casi la totalidad de los monjes se unieron a la causa de la Reforma[10]. La inquisición obligó a Casiodoro como a otros monjes —Unos once; incluidos Juan Perez y Cipriano de Valera— a huir a Ginebra, Suiza, en 1577; otros no lograron escapar y fueron acusados de “luteranos”, y fueron quemados por herejes —se creía que si se quemaban los cuerpos, ni Dios los resucitaba.

En Ginebra (Reina) sintió que volvía a una nueva Roma, por la rigidez de los protestantes calvinistas. Se sintió incómodo y comenzó a decir que Miguel Servet había sido quemado “por falta de amor” y que Ginebra se había transformado en “una nueva Roma.[11] Acechado infatigablemente por los esbirros de la Inquisición y sospechoso de herejía o de peores cosas aún por sus hermanos de fe, Reina se vio obligado a huir y buscar asilo por diversas ciudades europeas. [12]

Por esto viajó primero a Alemania, y después a Inglaterra. Tras concederle la reina inglesa el permiso de culto, el uso de la iglesia de Santa María de Harás y una pensión de setenta libras, pastorea la congregación de habla castellana. La comunidad organizada por Reina no solo admite a españoles, también acepta a italianos y holandeses caídos en desgracia en sus iglesias respectivas.[13] Durante su estadía en Inglaterra, Casiodoro de Reina empezó la traducción de la Biblia completa al español. En Inglaterra, espías de la Inquisición y del propio rey Felipe II de España desataron una persecución contra él.

Así pues, Reina, acechado en todas partes por los seguidores de la Inquisición y sospechoso de herejía o de peores cosas aún por sus hermanos de fe, vagó durante más de tres años entre Frankfurt, Heidelberg, el sur de Francia, Basilea y Estrasburgo buscando un lugar donde establecerse como pastor en alguna iglesia o como simple artesano, y poder dar así término a la traducción de la Biblia a la lengua castellana, que había comenzado unos años antes en Inglaterra.[14]

Se vio obligado a salir de Inglaterra y viajar a Amberes, Países Bajos. Luego se estableció en Fráncfort, donde continuó la labor de traducción. En 1567 terminó allí la traducción del Antiguo Testamento.

El primer contrato para la edición de 1100 ejemplares de la Biblia fue firmado en el verano de 1567 con el famoso editor Oporino. Por desgracia para Reina, en el mes de julio de 1568 y antes de poder dar comienzo a la impresión de la Biblia, Oporino murió y resultó estar arruinado de tal manera, que no cabía la menor esperanza de recuperar los 400 florines pagados por adelantado del dinero recaudado en Frankfurt, gracias a la aportación voluntaria para llevar a cabo la edición de la Biblia hecha por los refugiados españoles. Fue entonces cuando intervino de nuevo Marcos Pérez, prestando a Reina a fondo perdido la suma de 300 florines que sirvieron para cerrar un nuevo contrato de impresión. La impresión fue terminada probablemente el 24 de junio de 1569, y se editaron 2600 ejemplares.[15]

La Biblia completa se publicó en Basilea (Suiza) en 1569. Fue la primera Biblia completa que se publicó en español. Esta traducción se compuso de tres partes: la introducción, el Antiguo Testamento, con los libros apócrifos incluidos dentro de él, y el Nuevo Testamento.

El impresor de la Biblia de Casiodoro de Reina fue Tomás Guarín, quien imprimió 2.600 ejemplares en su propio taller. Había en Basilea otro impresor de libros pequeños, Samuel Apiario, quien usaba como logotipo de sus trabajos la imagen de un oso. Apiario dejó de usar ese logotipo, pero a Casiodoro de Reina le gustó y le pidió permiso a Apiario para hacerlo imprimir por Guarín en la portada de su traducción, en la que también aparece el texto de Isaías 40:8, «La palabra del Dios nuestro permanece para siempre». Esa es la razón por la que esta Biblia se conoce también como «La Biblia del oso». Esta Biblia por varios siglos fue la única Biblia protestante completa en español.

Los textos básicos en los que se basó fueron los textos en hebreo y griego de los que se disponían en la época, el texto hebreo masorético y el texto griego de Erasmo de Róterdam. Además de esos textos usó la versión latina hecha en Lyon en 1528 por Sanctes Pagnini, la Biblia de Ferrara, la Biblia latina de Zúrich y la Biblia latina de Castellion, que tenía «Jehová» en lugar de «Señor» como traducción del nombre divino.

La iglesia católica y el rey de España no sólo no aceptaron la traducción, sino que la prohibieron y persiguieron. El rey de España puso precio a la cabeza de Casiodoro de Reina y fue uno de los pocos a los que se les condenó con el título no sólo de hereje sino de «heresiarca», o maestro de herejes. Su imagen fue quemada por la Inquisición en un «auto de fe» celebrado en Sevilla en 1562. Todos sus escritos fueron puestos en el índice de libros prohibidos por la iglesia católica.[16] También la Biblia de Reina fue minuciosamente examinada por los pastores de Ginebra, pero por mucho que la escudriñaron no encontraron nada importante que reprochar a la edición.[17]

En Frankfurt se incorporó, no sin dificultades, a la iglesia francesa calvinista, pero la oposición de Teodoro de Beza y la amistad de ciertos luteranos de Frankfurt, le condujeron, al fin, a la iglesia nacional luterana de la ciudad. En 1573 publicó sus dos comentarios en latín, uno al Evangelio de Juan, y el otro al cuarto capítulo de Mateo, seguidos en 1577 por la primera edición de la Confesión de fe de Londres.[18]

En el año 1585, las tropas españolas, al mando del Duque de Parma, tomaron la ciudad de Amberes y obligaron a los protestantes a abandonar la ciudad. Ante tal situación, Reina condujo a sus seguidores a Frankfurt, pero allí no se le concedió el permiso para ejercer como pastor y, por tanto, se vio de nuevo obligado a trabajar comerciando con telas y sedas.

Sin embargo, la comunidad que había venido con Reina siguió considerándole su pastor, e insistentemente solicitó al Ayuntamiento de Frankfurt que le concediese la ciudadanía y, con ello, el permiso para pastorear la iglesia. Al fin tuvieron éxito en su petición, y en 1593 fue oficialmente reconocido como pastor de la iglesia de Frankfurt. Esta última pastoración no duraría mucho tiempo puesto que ocho meses más tarde, en marzo de 1594, falleció. Aún así tuvo tiempo de iniciar en la ciudad una fundación caritativa para ayudar a refugiados belgas.[19]

CIPRIANO DE VALERA

Cipriano de Valera nació en la población de Fregenal de la Sierra, provincia de Badajoz [anteriormente Valera la Vieja], España, en 1532. Al igual que Casiodoro de Reina, de quien fue paisano y amigo, estudió en la Universidad de Sevilla e ingresó en el monasterio de San Isidoro del Campo en Sevilla, donde se hizo simpatizante de las doctrinas de la Reforma. Fue miembro del grupo de frailes que huyó del monasterio de San Isidoro del Campo de Sevilla rumbo a Ginebra, Suiza, debido a la persecución de la Inquisición. A diferencia de Reina que se incomodó con el caso de Servet, Cipriano se quedó.

Cipriano de Valera fue discípulo de Calvino, de quien fue un fiel seguidor, hasta el punto de ser el primero en traducir al español la obra de Calvino Instituciones de la religión cristiana. Se radicó en Inglaterra, donde fue profesor de las universidades de Oxford y Cambridge. Cipriano de Valera publicó dos años después de la muerte de Casiodoro de Reina una revisión del Nuevo Testamento, y luego en 1602 la Biblia completa. Esta Biblia es llamada «La Biblia del cántaro» porque en la portada aparece un hombre con un cántaro en la mano regando una planta y la frase de Pablo en 1 Corintios 3:6: «Yo planté, Apolos regó».

El último de sus trabajos literarios lleva por título: La Biblia. Que es, los sacros libros del Viejo y Nuevo Testamento. Segunda edición revisada y conferida con los expertos Hebreos y Griegos y con diversas traslaciones. Se trata, como él mismo explica en el largo título que le puso, de la revisión de la Biblia del Oso que llevó a cabo. A este trabajo, que con propiedad podríamos definir como una segunda edición de la Biblia de Reina, le dedicó veinte largos años, y culminó con su publicación en 1602, en Ámsterdam.

Precisamente, en ese mismo año, perdemos la pista de Valera, que ya contaba con aproximadamente setenta años. Es posible que volviese a Inglaterra, y allí viviese algunos años más, pero se desconoce la fecha exacta de su muerte.[20]

LA REINA-VALERA

Para entender en qué consistió la revisión debemos mencionar que la traducción de Casiodoro de Reina tenía como propósito ser una Biblia en lengua española para que pudiera ser leída por miembros de todas las tendencias de la Reforma Protestante y también por los católicos —situación que se ganó el rechazo de ambos bandos. Casiodoro quería que su traducción fuera aceptada por la iglesia católica, por lo cual la traducción de Casiodoro incluía los mismos libros y en el mismo orden que la Biblia Vulgata, como mencionamos antes —esta intención se ganó incluso la persecución de algunos protestantes. En este hecho puedo ver el carácter conciliador de Reina, él no quería salir de la Iglesia católica y fundar una nueva; Él quería volver a las Escrituras, para lo cual era necesario leerlas en el idioma del pueblo. Más su buena intención no fue tomada así por la inquisición, ni tampoco por los protestantes calvinistas.

En la revisión de Cipriano de Valera, la Biblia de Casiodoro de Reina se acerca al modelo de Biblia de uso de los protestantes. No aparece el nombre de Casiodoro de Reina en la portada de la Biblia, aunque sí en la introducción. Cipriano de Valera quitó todo lo que Reina había puesto de la Septuaginta o de la Vulgata. Sacó los libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento y los puso entre los dos testamentos, aclarando al final que esos libros eran «apócrifos». Valera eliminó también las notas y referencias que Casiodoro de Reina había puesto en los libros canónicos que hacían mención a los libros apócrifos. En cuanto al texto bíblico en general, son muy pocos los cambios que realizó Valera en su revisión, dejando el texto de la traducción de Casiodoro de Reina casi sin modificación alguna.[21]

Esta revisión de la Biblia de Casiodoro de Reina se menciona algunas veces como la traducción de Cipriano de Valera, sin reconocer que es obra de Casiodoro de Reina. Por otra parte, se ha dado en llamar Biblia Reina-Valera dentro de la comunidad protestante, y ha sido por siglos la versión de la Biblia más leída y aceptada en el mundo protestante de habla española.

Esta Biblia ha sido reimpresa y revisada varias veces. La primera reimpresión se hizo en 1625. En 1831 la Sociedad Bíblica de Glasgow, Escocia, publicó una revisión del Nuevo Testamento con cambios ortográficos. Esa misma revisión se reimprimió en 1845 con algunas pocas actualizaciones en el vocabulario, y luego en 1849 y en 1865. La primera edición de la Biblia Reina-Valera sin los libros apócrifos se realizó en 1862. Esta revisión fue obra de Lorenzo Lucena Pedroza, nacido en Aguilar de la Frontera, provincia de Córdoba, España, en 1807.

La primera revisión de la Biblia Reina-Valera en el siglo XX fue hecha en 1909. El Antiguo Testamento fue revisado por Juan B. Cabrera (1837–1916) y Cipriano Tornos (1833–1918). Las notas estuvieron a cargo de Segundo Sabio, pastor presbiteriano y agente de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera en Madrid. Esta revisión captó la aceptación de las iglesias evangélicas de España y Latinoamérica, y es aún la revisión preferida por muchos evangélicos.

La siguiente revisión a la Biblia Reina-Valera fue publicada en 1960. Esta revisión fue hecha bajo los auspicios del famoso biblista Eugene Nida, en ese entonces secretario de traducciones de la Sociedad Bíblica Estadounidense. El equipo de revisión estaba conformado por Juan Díaz (México), Honorio Espinosa (Chile), Francisco Estrello (México), Alfonso Lloreda (Colombia), Enrique Parra (Colombia) y Alfonso Rodríguez (Cuba). El trabajo de revisión duró nueve años, desde 1951 hasta su publicación en 1960.

La Biblia Reina-Valera ha tenido otras revisiones después de la de 1960. Las más importantes han sido la Reina-Valera, revisión de 1977, la Reina-Valera Actualizada y la Reina-Valera, revisión de 1995.[22]

*  *  *

Todos los reformadores españoles más renombrados —Juan de Valdés, Juan Pérez de Pineda, Francisco de Enzinas, Casiodoro de Reina, Cipriano de Valera— fueron traductores de una parte o de toda la Biblia. Estos líderes del protestantismo español no pudieron desarrollar Iglesias que llevaran sus nombres —como en Alemania o en Ginebra— ni produjeron una teología que afectara en algún grado la configuración de la comprensión cristiana de la fe. La historia no los va a recordar por sus cambios o reformas eclesiásticas. Sin embargo, cuando se levanta la pregunta en cuanto al valor de su contribución para la extensión del reino de Dios, la respuesta es firme: la Biblia en castellano.

Todos sus esfuerzos y sacrificios resultaron en la producción de una de las obras literarias más hermosas y en el instrumento más valioso para la conversión a la fe cristiana de numerosos pueblos de habla española en el mundo. La Inquisición tuvo éxito en apagar sus vidas, pero resultó totalmente impotente en extinguir la luz de la Palabra de Dios puesta en el lenguaje del pueblo.[23]

Satanás recelándose del daño y ruina que esta Biblia Española causará en su reino, ha procurado por las vías posibles (conforme a su maldito odio y rencor que tiene contra Dios y su gloria) y con nuevas estratagemas y ardides impedirla. Más con todo esto no ha podido salir con la suya. Porque nuestro Dios (cuya causa en esta obra se trata) le ha tenido las riendas, y lo ha de tal manera enfrentado con el freno de su potencia, que no ha hecho sino lo que su Majestad le ha concedido que hiciese … Mi intento ha sido servir a mi Dios y hacer bien a mi nación. ¿Y que mayor bien les puedo hacer que presentarles el medio que Dios ha ordenado para ganarle almas, el cual es la lección de la Sagrada Escritura?”42 Cipriano de Valera.

Lo crucial, sin embargo, es la tesis de Reina de que la vitalidad de la fe y la cultura cristianas de España requieren la lectura regular de la Biblia. Si ésta faltase, España sería cristiana de nombre y tradición, pero no de sustancia. Por eso sus arduos desvelos y afanes, por su amor entrañable a la religiosidad y la cultura de su pueblo. En el exilio y constante peregrinación—Ginebra, Francfort, Londres, Amberes, Colonia, Estrasburgo, Basilea—para mantenerse al margen de la Inquisición, un hombre prosigue durante una docena de años una ardua y agotadora tarea: traducir la Biblia al castellano, a fin de que su patria, aquella que lo ha desterrado, pueda nutrir su fe y su cultura en la lectura inteligente de las escrituras sagradas. La España oficial le negaría, por siglos, el merecido reconocimiento a sus empeños. Pero su obra, varias veces revisada, es un monumento excepcional de las letras cristianas y de la creatividad cultural hispana.[24]

Reina sustentaba la esperanza de una Iglesia unida gracias a la primacía doctrinal de la Biblia; Valera, por el contrario, concibe el texto sagrado como criterio fundamental para distinguir entre la verdadera iglesia (la reformada) y la falsa (la romana). Reina apelaba ilusamente a Trento para legitimar su traducción; Valera reconoce que su obra transgrede los edictos tridentinos. Como ha demostrado el profesor Rady Roldán en sus minuciosas investigaciones, Valera descarta la posibilidad de que la Biblia sea fuente de conciliación en las disputas confesionales que conmueven la cristiandad europea. Su faena traductora se dirige a convertir la Biblia en instrumento de ataque letal al catolicismo romano. La Biblia se vislumbra como eje de intenso conflicto teológico, nada lejano a la convocación a la violencia de las armas que resuena por todo el continente.[25]

[1] Demaray, D. E. (2001). Introducción a la Biblia (pp. 71–72). Miami, FL: Logoi. Inc.

[2] Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 344). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

[3] Demaray, D. E. (2001). Introducción a la Biblia (p. 72). Miami, FL: Logoi. Inc.

[4] Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 345). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

[5] Ibíd. (p. 347).

[6] Ibíd. (pp. 347–348).

[7] Demaray, D. E. (2001). Introducción a la Biblia (p. 77). Miami, FL: Logoi. Inc.

[8] Deiros, P. A. (2008). Historia del Cristianismo: Las reformas de la iglesia (1500–1750) (p. 41). Buenos Aires, Argentina: Ediciones del Centro.

[9] De Valera, C. (2009). La Biblia del Siglo de Oro (p. xi). Las Rozas, Madrid: Sociedad Bíblica de España; Sociedades Bíblicas Unidas.

[10] Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 350). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

[11] Deiros, P. A. (2008). Historia del Cristianismo: Las reformas de la iglesia (1500–1750) (pp. 45–46). Buenos Aires, Argentina: Ediciones del Centro.

[12] De Valera, C. (2009). La Biblia del Siglo de Oro (p. xiv). Las Rozas, Madrid: Sociedad Bíblica de España; Sociedades Bíblicas Unidas.

[13] De Valera, C. (2009). La Biblia del Siglo de Oro (pp. xi–xii). Las Rozas, Madrid: Sociedad Bíblica de España; Sociedades Bíblicas Unidas.

[14] Ibíd. (p. xii).

[15] iBíd. (pp. xiv–xv).

[16] Comfort, P. W., & Serrano, R. A. (2008). El Origen de la Biblia (p. 352). Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc.

[17] De Valera, C. (2009). La Biblia del Siglo de Oro (p. xv). Las Rozas, Madrid: Sociedad Bíblica de España; Sociedades Bíblicas Unidas.

[18] De Valera, C. (2009). La Biblia del Siglo de Oro (p. xii). Las Rozas, Madrid: Sociedad Bíblica de España; Sociedades Bíblicas Unidas.

[19] De Valera, C. (2009). La Biblia del Siglo de Oro (p. xiii). Las Rozas, Madrid: Sociedad Bíblica de España; Sociedades Bíblicas Unidas.

[20] De Valera, C. (2009). La Biblia del Siglo de Oro (pp. xviii–xix). Las Rozas, Madrid: Sociedad Bíblica de España; Sociedades Bíblicas Unidas.

[21] De Valera, C. (2009). La Biblia del Siglo de Oro (pp. xviii–xix). Las Rozas, Madrid: Sociedad Bíblica de España; Sociedades Bíblicas Unidas.

[22] De Valera, C. (2009). La Biblia del Siglo de Oro (pp. xviii–xix). Las Rozas, Madrid: Sociedad Bíblica de España; Sociedades Bíblicas Unidas

[23] Deiros, P. A. (2008). Historia del Cristianismo: Las reformas de la iglesia (1500–1750) (p. 47). Buenos Aires, Argentina: Ediciones del Centro.

42 Cipriano de Valera en su “Exhortación al cristiano lector”, Sagrada Biblia, 1602. Versión arreglada del castellano antiguo original por el autor.

[24] De Valera, C. (2009). La Biblia del Siglo de Oro (p. xxiii). Las Rozas, Madrid: Sociedad Bíblica de España; Sociedades Bíblicas Unidas.

[25] Ibíd.  (p. xxiv).

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