El contexto es la manera en que Dios nos entregó la Biblia, un libro a la vez.
Craig S. Keener

EL CONTEXTO

Los primeros lectores del libro de Marcos no pudieron echar un vistazo sobre Apocalipsis para que los ayudara a entender a Marcos; Apocalipsis no había sido escrito aún. Los primeros lectores de la carta a los Gálatas no tenían una copia de la carta que Pablo le escribió a los romanos para ayudarlos a entenderla. Estos primeros lectores compartían alguna información común con el autor fuera del libro que recibieron.

Llamaremos a esta información común “trasfondo”: algún conocimiento de la cultura, historia bíblica temprana, y así por el estilo. Pero ellos tenían, más importante que todo, el libro específico de la Biblia en frente de ellos.

Por lo tanto, podemos estar seguros que los escritores bíblicos incluyeron los datos suficientes dentro de cada libro de la Biblia para ayudar a los lectores a entender ese libro de la Biblia sin referirse a información que ellos omitieron. Por esta razón, el contexto es la clave académica más importante para la interpretación de la Biblia.

Frecuentemente, ministros populares de hoy en día citan varios versículos aislados que ellos han memorizado, aunque esto signifique que ellos por lo general dejarán el 99% de los versículos de la Biblia sin predicar.

FUERA DE CONTEXTO

Una persona aparentemente bien educada le dijo a un maestro de la Biblia que ella pensaba que el propósito de tener una Biblia era ¡buscar los versículos que el ministro citó en la iglesia! Pero la Biblia no es una colección de los versículos favoritos de las personas con un montón de espacio en blanco entre ellos.

Usando los versículos fuera de contexto uno pudiera “probar” casi cualquier cosa acerca de Dios o justificar casi cualquier clase de comportamiento, como la historia lo testifica. Pero en la Biblia Dios se reveló a sí mismo en sus actos en la historia, a través de registros inspirados de esos actos y de la sabiduría inspirada de sus siervos manejando situaciones específicas.

Las personas en mi cultura le dan valor a todo lo “instantáneo”: puré de papas “instantáneo”; comida rápida; etc. De manera similar, con mucha frecuencia tomamos atajos para entender la Biblia citando versículos al azar o asumiendo que quienes nos enseñaron a nosotros los han entendido correctamente. Cuando hacemos eso, fallamos en ser diligentes en escudriñar la Palabra de Dios (Proverbios 2:2-5; 4:7; 8:17; 2 Timoteo 2:15).

Un prominente ministro en los Estados Unidos, Jim Bakker, estaba tan ocupado con su ministerio a millones de personas que él no tenía tiempo de estudiar las Escrituras cuidadosamente en contexto. El confió que sus amigos, cuyas enseñanzas el ayudó a promover, lo habían hecho.

Más tarde, cuando su ministerio colapsó, pasó muchas horas honestamente escudriñando las Escrituras y se dio cuenta para su asombro, que en algunos puntos las enseñanzas de Jesús, entendidas en su contexto, ¡significaban totalmente lo contrario de lo que él y sus amigos habían estado enseñando! Nunca es seguro simplemente depender de lo que alguien más asegura qué Dios dice (1 Reyes 13:15-26).

UN LIBRO A LA VEZ

Descubrí esto por mí mismo cuándo, como joven cristiano, empecé a leer 40 capítulos de La Biblia al día (suficiente para terminar el Nuevo Testamento cada semana o la Biblia cada mes). Estaba en shock al descubrir cuánta Escritura yo había básicamente ignorado entre los versos que yo había memorizado, y cuán cuidadosamente esos textos intermedios conectaban esos pasajes.

Me había estado perdiendo demasiado, ¡simplemente usando la Biblia para defender lo que ya yo creía! Después que uno empieza a leer la Biblia un libro a la vez, uno rápidamente se da cuenta que los versos sacados de contexto casi siempre significan algo diferente cuando son leídos en su contexto.

No podemos, de hecho, siquiera pretender que la mayoría de versículos tengan sentido sin leer su contexto. Sacar los pasajes fuera de su contexto irrespeta la autoridad de la Palabra, porque este método de interpretación no puede ser consistentemente aplicado a toda la Escritura.

Se toman versos que parecen tener sentido en sí mismos, pero la mayor parte de la Biblia es dejada de lado cuando se hace de esta manera, inservible para ser usada bajo esta misma lógica. Predicar y enseñar la Biblia del modo que ella misma nos invita a interpretarla, en su contexto original, ambas explican la Biblia acertadamente y le provee a nuestros oyentes un buen ejemplo de cómo ellos pueden aprender mejor la Biblia por sí mismos.

Si leemos cualquier otro libro, nosotros no tomaremos una declaración aislada en medio del libro e ignoraremos las demás declaraciones qué nos ayudan a entender la razón para dicha declaración. Si le damos un libro de historietas a un niño que ya sabe cómo leer, probablemente empezará a leer por el principio.

LA IMPORTANCIA DEL CONTEXTO

Esas personas que frecuentemente leen la Biblia fuera de contexto, no es porque les sale de manera natural, sino porque hemos sido enseñados de manera errónea en reiteradas ocasiones. Sin menospreciar a aquellos que han hecho lo mejor que han podido sin entender el principio de contexto, nosotros debemos ahora aprovechar la oportunidad para empezar a enseñar a la próxima generación la manera correcta de interpretar la Biblia.

Muchas de las contradicciones qué algunos lectores alegan encontrar en la Biblia surgen simplemente por ignorar el contexto del pasaje que ellos citan, saltando de un texto a otro sin tomarse el tiempo de primero entender cada texto en su propio sentido.

Para desarrollar un ejemplo ofrecido más arriba, cuando Pablo dice que una persona es justificado por la fe sin obras (Romanos 3:28) su contexto deja claro que él define la fe como algo más que un asentimiento pasivo a un punto de vista; él la define como una convicción de que Cristo es nuestra salvación, una afirmación en la que uno activamente fundamenta su vida (Romanos 1:15).

Santiago declara que uno no puede ser justificado por la fe sin obras (Santiago 2:14) porque él usa la palabra “fe” como simplemente asentir que algo es cierto (2:19), él demanda que tal asentimiento sea activamente demostrado por la obediencia a mostrar que es genuino (2:18).

En otras palabras, Santiago y Pablo usan la palabra “fe” de manera diferente, pero no se contradicen uno a otro en el nivel de significado. Si nosotros ignoramos el contexto y sencillamente conectamos diferentes versículos basándonos en qué son expresiones similares, crearemos contradicciones en la Biblia que los escritores originales nunca se hubieran imaginado.

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Artículo traducido con permiso del autor (adaptación de subtítulos y énfasis por PEC).

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Equipo PEC