He titulado este artículo mediante la afirmación proposicional: “Bernabé, un «apóstol» a los gentiles” (nótese que no he empleado una afirmación predicativa), y no mediante una frase verbal en la forma de una interrogación —“¿Fue Bernabé un apóstol a los gentiles?”—, porque parto de la premisa de que su “apostolado”, antes de ser motivo de duda, se trata de una cosa afirmada en el texto bíblico. Pero es una cosa respecto de la cual debemos hacernos algunas preguntas muy precisas si queremos entender esta afirmación.

En concreto, encontramos este testimonio en dos lugares del capítulo 14 del libro de los Hechos de los Apóstoles, los mismos únicos lugares en donde Lucas también llama “apóstol” a Pablo. De otro modo, Hechos 14: 4 y 14 son las únicas ocasiones en que Lucas va a llamar a Pablo por su oficio más conocido —apóstol—, las mismas únicas ocasiones en donde Bernabé aparece aludido junto a Pablo bajo el mismo vocablo. Cabe entonces preguntarse: ¿En qué sentido Bernabé y Pablo son apóstoles (esto es, dentro de la propia narrativa de Lucas)?

Creo que ninguno de nosotros tiene problemas con Lucas cuando dice que Pablo es un apóstol, pues que tal afirmación está totalmente dentro de lo que creemos y sabemos acerca de Pablo. En realidad, nadie podría poner en duda que Pablo fue un apóstol. El problema parece que lo tenemos cuando Lucas también coloca a Bernabé dentro del plural “apóstoles”. Inmediatamente nos preguntamos ¿qué quiso decir Lucas con eso? Pero la respuesta, por ahora, es tan simple como esto: lo mismo que quiso decir cuando llamó apóstol a Pablo. Y es que no podemos pensar que Lucas llamara apóstol a Pablo, significando algo distinto de lo que significó con respecto a Bernabé, porque eso destruiría la unidad de la narrativa de Lucas. Los únicos dos lugares en donde Lucas hace referencia al apostolado de Pablo, son exactamente los mismo en donde también se alude al apostolado de Bernabé.

En un artículo de internet en el que se busca responder a la siguiente pregunta: “¿Por qué dice que los apóstoles eran exclusivamente doce, y que no hay más, cuando en Hch. 14:14 la Biblia llama apóstol también a Bernabé?”, el autor que responde dice que el término traducido como “apóstol” en Hechos 14:14 (y al parecer también en Hechos 14:4) no es el mismo que se emplea en Mateo 10:2 para referirse a los apóstoles que escogió Jesús. El autor del artículo incluso invita a sus lectores a que busquen en el Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español para que puedan “verificar esta verdad” (sus palabras).

Obviamente esto es falso, y tal parece ser que el autor de este artículo sólo se conforma con dar a entender a sus lectores que Bernabé no fue en realidad un apóstol, sin mencionar en ningún momento —omitiendo en realidad— que en esos mismos versículos también es aludido el apóstol Pablo. Pero para que no quede duda de que lo que señala este autor acerca de este vocablo no es correcto, baste por ahora decir que el término griego empleado por Mateo en 10:2 es exactamente el mismo que emplea Lucas en Hechos 14:4 y 14. A decir verdad, la única diferencia está en que en Mateo 10:2 el sustantivo apóstolos aparece en genitivo (ἀποστόλων), mientras que en Hechos 14:4 y 14 está en dativo (ἀποστόλοις) y en nominativo (ἀποστόλοι), respectivamente. Pero esas diferencias sólo tienen que ver con “el caso”, esto es, con la función del sustantivo dentro de la oración, y es posible encontrar las mismas desinencias en otros textos referidos a los doce apóstoles (p. ej. en Mr 6:30; Lc 17:5; Hch 1:2, entre otros más).

Pero, de regreso a Hechos capítulo 14, la información que tenemos es la siguiente:

“Y la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles.” (14:4)

Aquí se narra lo que sucedió en Iconio con los hermanos Pablo y Bernabé, estos son a quienes Lucas alude cuando habla de “los apóstoles”.

Un poco más adelante, cuando parten de ahí a Listra, les sucede que tras la sanación de un cojo de nacimiento, los habitantes de la ciudad, pensando que estos eran sus dioses, quisieron ofrecer un sacrificio en honor a ellos. La reacción de Pablo y Bernabé, en respuesta a este acto de parte de los de Listra, queda registrada por Lucas de la siguiente manera: “Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas…” (14:14). Esta es la segunda y última vez que Lucas llamará “apóstoles” a personas fuera del círculo de los doce.

Para comprender qué quiso decir Lucas con esto, sugiero que primero vayamos un poco más atrás, al capítulo 13, versos 1 al 3:

“Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.”

Nótese este particular detalle: “dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”. Es cierto que, tras la conversión de Pablo, Jesús ya había manifestado también su propósito con respecto a él (Hch 9:15-16, cf. 22:21; 26:16-17); sin embargo, es recién en el capítulo 13, cuando ya había pasado algún tiempo importante de ese primer encuentro con el Cristo resucitado, que Dios habló por su Espíritu a los hermanos de la iglesia de Antioquía para que apartaran a Pablo (y a Bernabé) para el trabajo al que le había llamado (a él y a Bernabé). Hasta aquí, Lucas no hace una distinción mayor entre Bernabé y Pablo, ambos son apartados estando en las mismas circunstancias locales, y ambos aparecen como siendo comisionados por la misma iglesia de Antioquía; a ambos se les impusieron las manos antes de ser enviados, encomendados así a la gracia de Dios para la obra que habrían de realizar (cf. Hch 14:26), a fin de que pudieran cumplir dignamente y con éxito el trabajo de anunciar la fe entre los gentiles. Incluso si vamos un poco más atrás de este relato, Bernabé y Pablo aparecen juntos enseñando en la iglesia de Antioquía (Hech 11:25), y ambos son enviados a Judea a prestar auxilio a los hermanos (Hech 11:29-30).

Cuando leemos el capítulo 11, desde los versos 19 al 26, Bernabé parece tener más protagonismo que Pablo, de hecho es Bernabé quien va a Tarso a buscar a Pablo para traerle consigo a Antioquía, para congregarse y enseñar allí con él. Y si vamos aún más atrás, vemos que es Bernabé quien presentó defensa de su conversión (de Pablo) ante los apóstoles en Jerusalén, en ese tiempo en que los discípulos temían relacionarse con él porque dudaban de que fuera en verdad un creyente (Hech 9:26-27).

¿Qué más sabemos acerca de Bernabé?

Según Lucas, era un levita originario de Chipre y su nombre era José (Hech 4:36). A este los apóstoles pusieron por sobrenombre “Barnábas”, una transliteración del arameo al griego, y que traducido al griego es υἱὸς παρακλήσεως, algo así como “hijo de profecía” o “hijo de exhortación” (Bar: hijo; Nabas: profecía).

Según Hech 4:36-37, este Bernabé tenía una propiedad que vendió, y el dinero de la venta lo trajo y lo puso a disposición de los apóstoles. Se le vuelve a mencionar en Hechos 9:27; en Hech 11:22-30; y de ahí en adelante siempre junto a Pablo hasta Hech 15:39.

Lucas lo describe como un “varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe” (11:24). Sabemos, por Colosenses 4:10, que era primo de Marcos (BTX3; BJ; NVI1999, etc.), el mismo a quien la tradición le atribuye el evangelio que lleva el mismo nombre. Fuera de la tradición, no es mucho más lo que se dice de Bernabé en el libro de Hechos, pues se le pierde la pista luego de la discusión que tuvo con Pablo antes de que iniciaran el segundo viaje misionero (Hech 15:36-40), siendo su último paradero, según el propio relato de Lucas, la isla de Chipre. Ahora bien, la razón de porqué Lucas no le sigue mencionando luego de este incidente es muy sencilla: Lucas comenzará, a partir de ahí, a narrar el ministerio de Pablo desde adentro, esto es, como uno que colaboró con él en sus viajes misioneros (desde ahí Lucas usará, en varios momentos de su narrativa, expresiones construidas con la primera persona en plural: “procuramos”; “y nosotros”; “cuando llegamos”; etc.).

Pero Bernabé aparecerá mencionado otras cuatro veces en dos de las cartas de Pablo (hay también, como ya lo indiqué antes, una quinta vez en Colosenses 4:10, pero sólo es mencionado de manera incidental). En 1 Corintios 9:6, la alusión que hace Pablo de Bernabé es muy relevante, porque aparentemente le coloca en el mismo nivel que él:

“Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor. Contra los que me acusan, esta es mi defensa: ¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber? ¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas? ¿O sólo yo y BERNABÉ no tenemos derecho de no trabajar?” (1 Co 9:2-6)

Las otras tres alusiones a Bernabé aparecen en Gálatas 2, versículos 1, 9 y 13. En el verso 9 es interesante lo que dice Pablo, porque le vuelve a colocar en una aparente igualdad con él:

“y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a BERNABÉ la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión.”

Esta referencia a la “señal de compañerismo” (compañerismo, lit. koinonía), significa la aprobación o acuerdo de parte de estos líderes de la iglesia al ministerio de Pablo y de Bernabé, pero significa también que Jacobo, Pedro (Cefas) y Juan les reconocieron como “colegas” en el apostolado; como sus compañeros de tarea, y que, por ende, el evangelio que él y Bernabé predicaban a los gentiles, era el mismo que el que ellos predicaban a los de la circuncisión.

Esta “señal de compañerismo” fue una manera de confraternizar con ellos y reconocerles como iguales en la labor evangelística. Dice Lutero, “Pedro, Juan y Jacobo no se expresaron con desdén acerca de Pablo y Bernabé que eran sus compañeros y sus iguales”. Es cierto; sin embargo, que Pablo no habla de alguna gracia que le fuera dada a Bernabé, sino de la gracia que le fue dada a él (“la gracia que me había sido dada”). Pero esta gracia recibida podría referirse a alguna especial dotación del Espíritu Santo dada por Dios para ser apóstol a los gentiles, como creía Lutero; o podría más bien ser una referencia a su apostolado dirigido a los gentiles, como cree F. F. Bruce (véase el verso 7 anterior, cf. Ro 1:5; 12:3; 15:15; 1Co 3:10; Ef 3:2, 8; Fil 1:7), incluso tal vez “al privilegio de Pablo como predicador del Evangelio a los gentiles” [E. F. Harrison]. Si se trata de lo segundo, i.e. de la gracia como una referencia a su ministerio para con los gentiles, entonces no tenemos necesidad de encontrar aquí alguna diferencia entre él y Bernabé, quien por supuesto también fue apartado para ser un emisario a los gentiles, como lo atestigua Hechos 13:2 (y el relato que sigue) y esta misma cita de Gálatas.

La otra (y última) referencia en Gálatas, es una que guarda mucha relación con la mención del verso 9. Aquí Bernabé es mencionado como uno que también fue arrastrado en la hipocresía de los que se apartaron de la comunión con los gentiles, cuando vinieron de Jerusalén a Antioquía algunos hermanos judíos de parte de Jacobo. La alusión a Bernabé en este pasaje, sirvió para enfatizar aún más la falta de Pedro y de los demás hermanos que participaron de su error, pues incluso este que había recibido la señal de compañerismo para ir a los gentiles, actuó aquí con completa indiferencia de su llamado, de ahí la expresión “de tal manera que incluso Bernabé”.

Fuera de las Escrituras, a Bernabé también lo menciona Clemente de Alejandría (ss. II y III); y lo hace de una manera muy interesante; le llama “apostólico Bernabé” y añade, a modo de paréntesis: “y él era uno de los setenta, compañero de trabajo de Pablo”. Llaman aquí la atención dos cosas: Primero, Clemente le coloca entre los setenta (presumiblemente los mismos setenta que figuran en el Evangelio de Lucas, capítulo 10:1, 17); segundo, se refiere a él como “compañero de trabajo de Pablo”, no meramente como su “colaborador”. Respecto de lo primero, no tenemos modo de saber si esta afirmación es correcta (Clemente parece referir esta afirmación a alguna tradición oral que hoy se ha perdido), de manera que no podemos darla por sentado. Con respecto a los segundo, poca duda debiera caber que eso tiene mucho asidero dentro de la propia narrativa de Lucas, en donde Pablo y Bernabé aparecen trabajando juntos, y no hay razón para suponer que Bernabé estuviera bajo la supervisión de Pablo (incluso podríamos hasta pensar que más bien fue al revés en un principio).

También Celemente hace referencia a una “epístola de Bernabé”, un escrito que pertenece a algún período de entre el último cuarto del s. I y la primera mitad del s. II, pero que es, con mucha seguridad, un escrito anónimo (de hecho el texto no indica a su autor) al cual ni la tradición ni la patrística vinculan con Bernabé. A este mismo respecto, en lo que se refiere a la supuesta autoría de Bernabé a ciertos escritos tempranos de la Iglesia, Tertuliano (misma época de Clemente de Alejandría) le menciona como el autor de la Epístola a los Hebreos, y lo hace de una manera tan natural que pareciera que, lejos de estar expresando un juicio personal, en realidad fuera una opinión de común acuerdo entre los de su círculo. Pero este supuesto de autoría, a pesar de lo que dice Tertuliano, hoy es rechazado casi unánimemente por los eruditos modernos.

Juan Crisóstomo (ss. IV y V) es otro de los que hace mención de Bernabé, pero lo hace en un tono bastante halagador. Entre otras cosas, dice de él que era “de tanta modestia y compostura, que se atraía la simpatía de cuantos le trataban, y arrastraba y cautivaba los corazones.” Hay una tradición que dice que Bernabé, finalmente, murió martirizado en Chipre, en la antigua ciudad de Salamina, pero las fechas a menudo no concuerdan, y tampoco es posible saber si esta tradición es correcta.

Ya tenemos una idea más o menos general acerca de quién era Bernabé, volvamos entonces a Hechos 14:4, 14, y a la pregunta de fondo: ¿Qué quiso significar Lucas cuando llamó “apóstoles” a Bernabé y a Pablo?
Ha quedado claro que Bernabé y Pablo son, dentro de la narrativa de Lucas, “apóstoles” en el mismo sentido de la palabra (Lucas no pudo querer decir una cosa de Pablo distinta de la que quiso decir de Bernabé). Pero ¿en qué sentido apóstoles? Creo que esta última pregunta es clave para comprender el uso que Lucas hizo del término para referirse a ellos dos. Con respecto a esto mismo, otra pregunta más será pertinente hacernos: ¿Usó Lucas el término —cuando se refirió a Bernabé y a Pablo— en el mismo sentido en que lo usó Pablo cuando habló acerca de su especial llamado apostólico en tantas ocasiones en sus epístolas (p. ej. Gál 1:1, 15-17)?

Nótese que la respuesta a esta última pregunta es crucial para los efectos que pueda tener con relación al “apostolado” de Bernabé. Si Lucas usó el término en el mismo sentido en que lo hizo Pablo en algunas de sus epístolas para referirse a su especial ministerio dado por Cristo, entonces también puede decirse de Bernabé que su apostolado era similar al de Pablo en todo el sentido de la palabra. Esto permitiría suponer entonces —aunque no necesariamente, como veremos más adelante— que Bernabé y Pablo poseían la misma clase de autoridad apostólica, i.e. que la misma atribución con la que Pablo escribió a las iglesias locales e instruyó con doctrina y mandamientos de Dios la tenía también Bernabé. Pero, ¿es esto último correcto? Creo que Ernesto Trenchard le da justo en el clavo cuando dice que: “Bernabé fue llamado a propagar el Evangelio igual que Pablo, pero no había sido comisionado como Apóstol para completar la revelación de Dios a los hombres bajo el Nuevo Pacto.” Es muy importante asimilar esto que dice Trenchard, a fin de comprender el ministerio “apostólico” de Bernabé.

Es posible entonces que cuando Pablo hace mención de su apostolado no está significando exactamente lo mismo que Lucas. Recuérdese que el ministerio de Pablo y Bernabé, según nos relata Lucas, se sigue del llamado de Dios por su Espíritu, cuando estos enseñaban en Antioquía. Lucas es muy cuidadoso en mencionar este primer momento en que el Espíritu Santo habló y dijo a los hermanos de Antioquía: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”. Es desde ese momento en que comienza ya “pública y/u oficialmente” —por decirlo de algún modo— el ministerio evangelístico-misionero de Pablo y Bernabé. Ahora bien, siendo Bernabé y Pablo dos enviados o comisionados de la iglesia de Antioquía, apartados por Dios para predicar el evangelio entre los gentiles, es posible que Lucas haya utilizado el plural “apóstoles” no en su sentido técnico, sino sólo en el sentido más general de “enviados” o “emisarios”, o incluso —aunque menos probable en mi opinión— en el sentido en que Pablo lo usó de Epafrodito en Filipenses 2:25, en donde “vuestro mensajero” (RV60) literalmente es: “vuestro apóstol”, algo así como un “misionero itinerante” (quizás igual que en Romanos 16:7, respecto de Andrónico y Junias).

No podemos tampoco pasar por alto el hecho de que incluso el propio Pablo utilizó el término para hacer referencia a los hermanos mensajeros (ἀποστόλοι) de las iglesias con el donativo de los corintios (2 Co 8:23) —sin querer significar otra cosa más que “enviados”—, y también dice de los “ψευδαπόστολοι (falsos apóstoles)… que se disfrazan como ἀποστόλους χριστοῦ (apóstoles de Cristo)” (2 Co 11:13, cf. 11:5), una forma de referirse a los que se le oponen y son falsos enviados que predican a otro Jesús (11:4).

Entonces, si Lucas no quiso decir lo mismo con el plural “apóstoles” de lo que quiso significar cuando se refería a alguno de los doce, y si Pablo utilizó el sustantivo para sí de una manera también diferente (tal vez en el mismo sentido en que se usaba para hacerse referencia a los doce en un sentido técnico), entonces el hecho de que Bernabé sea llamado “apóstol” junto con Pablo, no significa que Bernabé haya sido un apóstol en el mismo sentido en que se dice de Pablo en sus epístolas (esto es, con todas las atribuciones suyas). De todas maneras, aunque todo esto es una posibilidad a la cual me adscribo junto con otros tantos comentaristas del libro de los Hechos de los Apóstoles, no es algo en lo que debamos ser demasiado categóricos en lo que respecta a todo lo que se pueda decir de Bernabé; todavía tenemos que considerar algo más.

Por ahora, tenemos ya una opinión bastante plausible acerca del uso que le dio Lucas a esta terminología cuando la usó con Bernabé y Pablo, pero eso no resuelve la cuestión con respecto a la manera en que Pablo veía el ministerio de Bernabé. Debemos recordar las alusiones hechas por Pablo, especialmente en 1 Corintios 9:6 y Gálatas 2:9, las cuales dan la impresión de que —o al menos eso parece— Pablo coloca a Bernabé en el mismo nivel suyo. Dice F. F. Bruce acerca de esta alusión a Bernabé en Gálatas 2:9: “Bernabé está tan estrechamente relacionado con la ἀποστολή de Pablo que sería erróneo negarle el calificativo de ἀπόστολος, en el sentido paulino amplio.” ¿Qué habrá querido decir Bruce con “el sentido paulino amplio”? No me queda muy claro.

Ahora, en mi opinión, es posible que Pablo tuviera una doble manera de entender su llamado apostólico. Por una parte, él se sabía apóstol en el mismo sentido en que se podría decir de su compañero Bernabé, i.e. se veía a sí mismo como uno que fue comisionado por la iglesia de Antioquía de Siria; como una especie de misionero o evangelista cuya labor encomendada por Dios había sido la de predicar la fe a los gentiles y plantar la iglesia del Señor en los distintos lugares a donde llegara con el mensaje de Cristo.

En ese sentido, Bernabé también habría de cargar con la misma tarea de anunciar el evangelio entre los gentiles, como un apóstol de la iglesia de Antioquía; y es únicamente en ese sentido en que Pablo lo iguala a él. Esto explica perfectamente las menciones de 1 Corintios 9:6 y Gálatas 2:9. Por otra parte, Pablo también se veía a sí mismo como uno que poseía la autoridad de los apóstoles en un sentido más bien técnico y restringido, y esto le hacía poseedor de ciertas atribuciones de las que no gozaba Bernabé. Aunque Bernabé fue llamado a predicar el evangelio con la misma autoridad que Pablo (cf. Hch 13:2-3ss) no fue comisionado, como bien decía Trenchard en una cita de más arriba, como apóstol para completar la revelación de Dios a los hombres bajo el Nuevo Pacto. Esto hace que el ministerio de Pablo sea especialmente diferente del de Bernabé. Pablo no sólo fue un “apóstol” en el sentido más general o amplio de la palabra (un enviado de la iglesia de Antioquía), fue también un apóstol a quien Cristo hizo depositario de la revelación especial de Dios, y por ende su autoridad no sólo se trataba de algo que se limitara a su ministerio misionero junto a Bernabé, sino también de una autoridad que le facultaba para escribir a las iglesias locales con la potestad de uno que había visto al Cristo resucitado en el esplendor de su Gloria. Pablo era un apóstol que hablaba como revestido de la autoridad de Dios y que podía exhortar en toda doctrina y revelación. Pablo era, en todo el sentido de la Palabra, un apóstol de Cristo, no por supuesto uno de los doce, sino más bien uno junto con los doce.

En lo que respecta a Bernabé, mi conclusión es la siguiente: Las referencias a su apostolado se entienden mejor si las recibimos como una forma de aludir a su ministerio en el sentido de ser un enviado o comisionado de la iglesia local de Antioquía de Siria; un evangelista-misionero con las credenciales de uno que tenía la aprobación de los líderes de la Iglesia y el llamado especial del Espíritu Santo para ir a los gentiles y anunciar la fe de Jesucristo.

Por Mauricio A. Jiménez

 


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

  • Bonnet, Luis; Schroeder, Alfredo. Comentario del Nuevo Testamento: Juan y Hechos. Tomo 2. El Paso, Texas: CBP, 1970.
  • Brown, Raymond E.; Fitzmyer, Joseph A.; Murphy, Roland E., Comentario Bíblico «San Jerónimo» tomo III. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1972.
  • Bruce, F. F. Un Comentario de la Epístola a los Gálatas. Barcelona: CLIE, 2004.
  • Bruce, F. F. Hechos de los apóstoles: Introducción, comentarios y notas. Grand Rapids, Michigan: Libros Desafío, 2007.
  • González, Justo L. Hechos de los Apóstoles. Introducción y comentario. Buenos Aires: Kairos, 2000.
  • Harrison, Everett F. Comentario Bíblico Moody: Nuevo Testamento. Grand Rapids, Michigan: Portavoz, 1971.
  • Jamieson, Robert; Fausset, A.R.; Brown, David. Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia. Volumen II. Decimoséptima edición. El Paso, Texas: CBP, 2002.
  • Kistemaker, Simon J. Comentario al Nuevo Testamento. Hechos de los Apóstoles.Grand Rapids, Michigan: Libros Desafío, 2001.
  • Lutero, Martín. Comentarios de Martín Lutero. Gálatas. Barcelona: CLIE, 1998.
  • Robertson, A. T. Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento. Barcelona: CLIE, Obra Completa 6 Tomos en 1, 2003.
  • Stott, John. El mensaje de Hechos. Buenos Aires: Certeza Unida, 2010.
  • Trenchard, Ernesto; y colaboradores. Comentario Expositivo del Nuevo Testamento. Barcelona: CLIE, 2013.
  • Wikenhauser, Alfred. Los Hechos de los Apóstoles.2ª Edición. Barcelona: Herder, 1973.
  • Patrística:
    –         Clemente de Alejandría, Stromata.
    –         Juan Crisóstomo, Homilías sobre Hechos de los Apóstoles.
    –         Tertuliano, De Pudicitia.